domingo, 31 de enero de 2010

1x09: El último juego

Los hombres de Bastián y el Desollador comenzaron a bajar algunas cosas desde el segundo piso, entre ellas, dos bolsas grandes cubiertas de sangre y una nevera.

- Ahí va tu Teresa y tu mami – dijo Bastián – Están muertas, y bien trozadas.

Patio de la casa – 23:00 horas.

Los dos guardias y El desollador tenían a punta de pistola amenazados a Leticia, Sofía y Mario, arrodillados, mientras que Bastián y otro vigilante cargaban las últimas cosas a la camioneta.

- Creo que estamos listos – dijo Bastián, encendiendo un cigarro.
- ¿Dónde nos vas a llevar? – preguntó una demacrada Sofía.
- Ya verán, vamos a pasar un muy buen rato – Interrumpió el Desollador – Van a sufrir y llorar como nunca pensaron hacerlo.
- Aun queda uno de nosotros libre – acotó Leticia - ¡No se saldrán con la suya!
- Cállate puta – reaccionó Bastián, lanzándole una piedra a Leticia.
- No me callaré, te cagué Bastián – continuó ella, poniéndose de pie – Te cagué tu maldito plan.
- No estés tan segura – respondió el hijo menor de los Torrealba, acercándose a Leticia.
- ¿Qué vas a hacer? –
- ¡Perra! – gritó Bastián, empujándola fuertemente contra el suelo. Luego el desquiciado joven tomó el cigarro con que fumaba y lo puso sin piedad sobre el rostro de su ex novia. Ésta soportaba con gran coraje el dolor que le provocaba.
- ¡Imbécil detente! – ordenaba Sofía - ¡Bastián eres un demente!
- Gózalo perra, gózalo – murmuraba el desquiciado joven, marcando el rostro de Leti con varias quemaduras.
- ¡Sigue, sigue! – gritaba ella - ¡Nunca te podrás sacar el rostro de humillación! ¡Te cagué!

El desollador tomó el brazo de Bastián, y lo obligó a tirar la colilla al suelo.

- Esto no está en los planes, no te subleves – ordenó éste – Tu estás bajo órdenes.

Bastián agachó el rostro y volvió a su posición.

- Ahora nos largamos – mandó El Desollador - ¡Muévanse!
- Y por tu amiguito Francisco – agregó Bastián – Todos los caminos llevan a Abaste.
- ¡Maricones! – gritó Leticia.

Subieron todos a la camioneta, y la hicieron partir. El desollador iba conduciendo, mientras que los tres guardias y Bastián cuidaban de los tres prisioneros en la parte trasera. El vehículo se perdió entre la oscuridad del camino.

Francisco al ver que ellos se largaban, bajó del árbol y comenzó a caminar lentamente entre los matorrales. La oscuridad no le permitía ver bien, pero no se observaba nada extraño. El muchacho siguió caminando sigilosamente hasta llegar a la puerta de la casa, intentó forzarla pero era imposible, estaba completamente cerrada.

- ¡Maldición! – exclamó.

Siguió caminando por alrededor de ella, y recordó el vidrio quebrado para que escapara Bocado. Se acercó a ese lugar, miró hacia el interior y vio una sombra que bajaba por la escalera con una escopeta. Francisco se lanzó hacia los árboles que quedaban al lado para refugiarse y comenzó a correr hacia la salida.

- Creo que tendré que caminar – se lamentó, jadeando.

Siguió observando a su alrededor, y no salió nadie del interior de la casa vacacional. Se tocó los bolsillos de los pantalones, y se vio vacío, sin nada con que defenderse. Pensó en volver a la casa nuevamente, pero finalmente salió corriendo hacia el camino que une Abaste con la casa. Bajó a los árboles que rodeaban este sendero, y se fue bordeando el camino, en dirección contraria al temido pueblo abandonado.

Francisco estaba completamente agobiado por la sed, frío, cansancio y sueño, cuando al cabo de un par de horas llegó a la salida de una bifurcación. Todo estaba demasiado oscuro, pero el lugar se le hacía familia. Agotado, se posó al lado de un gran árbol y se tiró para descansar un momento, pero una gran llama distrajo su atención.
La casa, la vieja casa vacacional en la que habían sido torturados y capturados ardía en llamas en un lejano rincón del bosque, Francisco miraba impresionado la escena, cuando se percató que había alguien tras él.

- Detente ahí - dijo una voz.
- Ni lo sueñes - contestó Francisco, comenzando a correr.

La extraña silueta persiguió al joven durante varios metros, la cual dejaba entrever sólo una cosa : una filosa cuchilla.
Francisco corrió a ritmo constante por todo el solitario camino, pero bruscamente cambió de ruta, se internó en lo más profundo del bosque.

Siguió la carrera durante varios minutos en línea recta, ya nada importaba, sólo huir. El hombre que lo perseguía tampoco daba su brazo a torcer, corría y corría tras él, sin lograr capturarle, pero tampoco perderle la vista.
En el fondo del lugar comenzó a vislumbrar una pequeña luz, que se hacía cada vez más intensa a medida que avanzaba.

- ¡Auxilio! - gritaba Franco, acercándose con más y más intensidad a lo que él consideraba su salvación - ¡Ayuda!

El hombre que le perseguía se detuvo sorpresivamente, pero Francisco no le tomó importancia, corrió y corrió hasta chocar bruscamente con una reja metálica, delante de ella, una extraña y destrozada casucha era iluminada por un gran foco desde lo alto de una torre, donde se vislumbraba una silueta.

- ¡Por favor ayuda! - pedía desesperado Francisco, moviéndose a lo largo de la reja, buscando algún lugar por donde entrar.
- ¿Estás seguro que quieres mi ayuda? - preguntó una voz familiar que provenía de una puerta que se abría.
- ¿Bastián? - preguntó Francisco, intentando mirar a través de las luces.
- Todos los caminos llevan a Abaste - dijo nuevamente la voz.

De la torre se apreció que una silueta sostenía a una persona en brazos, una mujer.

- Mataste a tu amigo Matías... ¿Aguantarás matar a Leticia? - preguntó, ahora sí dando la cara completamente Bastián.
- ¡Maldito maricón de mierda! - gritó Francisco - Déjala en paz.
- ¡No les hagas caso! - gritaba desde lo alto Leticia - ¡Te están manipulando! ¡Déjame morir en paz, tu huye!
- ¡No puedo dejarte ahí Leticia! ¡Aguanta! - exclamaba Francisco.

La muchacha estaba tirada en lo alto de la torre, con un hombre tras ella sosteniendo la luz. Leticia forcejeó con todas sus fuerzas la cuerda que amarraba sus manos, era ahora o nunca, el tironeo con los guardias que la subieron había soltado algo las cuerdas, pero aun nada suficiente.

- Ven para acá pendeja - ordenó el guardia.
- ¿Dónde? - preguntó Leti, cuando logró sacar una mano y la puso en su espalda para buscar el tenedor.
- Ponte de pie perra - mandó el hombre, acercándose a ella.

Leticia se puso de pie y miró directamente a los ojos al guardia. Fingiendo estar amarrada, caminó por la orilla de la pequeña plataforma hasta quedar al lado de la luz.

- ¡Francisco, huye! - grito ella.
- ¡No grites estúpida! - ordenó el guardia, empujándola para atrás.

Leticia aprovechó que quedó en la espalda del hombre, tomó el tenedor y lo enterró certeramente a un lado del cuello de éste. Luego lo empujó, rápidamente dio la vuelta y comenzó a bajar por la indeble escalera hacia el suelo.

- ¡Corre Franco por favor! - gritó mientras bajaba

- ¡Perra de mierda! - exclamó Bastián, mirando como Francisco corría hacia el lado trasero de la reja a buscar a su amiga.

Bastián tomó su pistola y comenzó a disparar al aire.

- ¡Detente! - ordenó - ¡Perra de mierda detente!

Leticia saltó desde la escalera a un arbusto que estaba abajo, mientras que Francisco empezó a escalar la reja.

- ¡Salgan! - gritaba Bastián - ¡Escapan!
- ¡Aun no estoy listo! - respondia una voz desde el interior.
- ¡Maldición, apúrate! -

Franco tomó a Leticia y la sacó de las ramas. Ella estaba con varios rasmillones y algo confusa con el golpe.

- Leti, vamos de acá - pidió Francisco.
- ¡Son unos enfermos! - gritó ella, desesperada - ¡Son unos enfermos de mierda, se a lo que se dedican!

Bastián se puso al lado de ellos, tomó rápidamente una cuchilla y la enterró certeramente por la espalda de Francisco, el cual ni siquiera alcanzó a reaccionar.

- Mi ofrenda está lista - concluyó el joven, sacando el arma del cuerpo del muchacho, que comenzaba a ahogarse en el suelo.

Leticia se hacía para atrás lentamente, buscando un nuevo escape, Bastián alcanzó a reaccionar, tomó su brazo con fuerza y comenzó a darle unos fuertes puñetazos en la cara.

- Aun no es tu tiempo ramera maldita - exclamaba, mientras daba uno y otro golpe a la demacrada Leticia.

Ella quedó insconsciente y cayó sobre Francisco, que perdía la respiración poco a poco.

Habitación desconocida - 00:15 horas

Leticia despertó brúscamente en un extraño lugar. Tenía los brazos y piernas amarrados y ella colgaba de un palo que era sostenido por dos grandes maderos por el cual las amarras de sus extremidades pasaban. Alrededor, una sala muy parecida a la de los videos, pero un poco más grande y más vieja, y un hombre, el Desollador, vigilaba a la muchacha sentado un par de metros a un lado.

- Buenos días mijita - dijo él, poniéndose de pie - ¿Le duele la cabeza?

Ella no respondió.

- Te quiero mostrar algo - dijo él nuevamente - ¿Quiéres saber como terminaban los videos de tus amiguitos?
- No me interesa, enfermo de mierda - contestó ella.
- No se me ponga agresiva pues, que tiernita se ve mucho mejor -
- Vas a tener que tragarme así no más - dijo Leticia, intentando soltarse de las amarras.
- Mejor que sepas altiro lo que te va a pasar en un ratito más - dijo el hombre, corriendo un televisor lo más cerca de los ojos de Leti - Mire esto, se que te va a gustar mucho.

Video:

La cinta fue puesta en el momento que El desollador cortaba y cortaba el brazo de Teresa.

- ¡Veo que eres de huesos duros! – dijo el hombre, mientras aserruchaba con fuerza, con sus manos cubiertas de sangre.
-¡Cállate imbécil! – gritó Teresa.

El hombre cortó el brazo, sacó el candado y lo tomó. Lo acercó a la cámara y lo mostró entero, lo dio vuelta en mil posiciones distintas, de frente, de lado, mientras goteaba la sangre. Teresa gritaba en el fondo.

- ¡Esto y más les pasará a todos ustedes! – dijo el Desollador – Hasta la próxima.

El desquiciado hombre tomó el brazo y le dio un mordisco, lo saboreó durante un largo rato. Teresa en el fondo miraba desconcertada lo que sucedía.

- Está algo nerviosa, mijita- dijo el Desollador, escupiendo un trozo de vena con sangre que no pudo masticar bien.
- ¡Eres un enfermo! ¡Un caníbal! - gritaba desesperada Tere, intentando soltarse de la camilla - ¡Déjame en paz!

El desollador se acercó a Teresa, dejó el brazo al lado de ella, tomó su cuello con fuerza y comenzó a besarla. Ella movía el rostro para todas partes quejándose, pero él mientras más le evadía, más fuerte apretaba.

- Quédate quieta, me encanta tu olor - exclamaba el Desollador, mientras lamía enfermizamente el rostro de Teresa.

Tomó un cuchillo y rajó la mejilla derecha de la mujer, posteriormente acercó su boca y comenzó a morder uno de los dos pedazos de piel que colgaban de su cara. Ella aun estaba consciente, quejándose, moviéndose.

- Me encantas, me excitas, me fascina tu olor a sangre, y ese miedo que se siente - gozaba el Desollador, tomando nuevamente la cuchilla, y degollándola.

Teresa paró de gritar, estaba muerta.


Leticia había manchado todo el suelo con su vómito, no pudo contener el asco.
El desollador había tomado entre sus manos un largo cuchillo oxidado, y se comenzaba a acercar lentamente a Leticia.

- No te dolerá, mi niña - decía el hombre.
- ¡No! ¡Por favor no! - gritaba desesperada Leticia, viendo como él se acercaba lentamente, con una gran y horrenda sonrisa.

El desollador detuvo su paso sorpresivamente, miró su pecho y una mancha de sangre con una punta filosa sobresalía. Tras él, Francisco, tirado en el suelo sostenía una vieja ballesta metálica.

- Tú ... estabas... muriendo - exclamó el Desollador, mientras perdía el equilibrio y caía lentamente al suelo.
- ¡Cómo salgo de acá! - gritó Leticia a Francisco.

Franco no podía moverse, cada vez respiraba con más y más dificultad. Tomó la ballesta y dio otro certero tiro al Desollador, esta vez directamente en el cuello, dejando un rastro de sangre en el suelo y a éste sin vida. Leticia comenzó a saltar y columpiarse para ver si podía quebrar el palo que le afirmaba, pero no pudo. Se afirmó con fuerza sobre el madero y aferrada a éste hizo peso hacia un lado, la estructura perdió equilibrio y cayó entre un montón de palos al suelo.
Con las manos y los pies entre el palo que ya estaba suelto, se hizo para arriba y salió con ambas extremidades atadas. Arrastrándose llegó lo más cerca de Francisco.

- ¡Gracias Franco, mil gracias! - exclamó Leticia, haciendo mil malabares con sus manos para poder soltarse.
- Mátame - dijo con dificultad Franco, llorando - No puedo respirar.

Leticia pudo soltar sus dos manos, tomó un cuchillo entre las decenas que habían en esa habitación y soltó sus pies. Abrazó a Francisco con fuerzas y besó su rostro.

- No me pidas eso, no me pidas eso por favor - suplicó ella.

Francisco ya no podía hablar, perdía con más y más fuerza la respiración, el color de su rostro comenzó a cambiar, mientras suplicaba entre señas que le quitara la vida. Leticia tiritaba y lloraba nerviosa, con una cuchilla en sus manos sin saber que hacer.
Al ver la desesperación de Franco, tomó el arma y entre lágrimas la enterró certeramente en el corazón del muchacho.
Lo abrazó con fuerza.

- Te juro que te vengaré - murmuró ella.

Leticia soltó a Francisco, y rápidamente buscó por todo el lugar varias armas distintas. No habían pistolas, ni siquiera el Desollador tenía una. Tomó un par de cuchillas, unas tijeras, se guardó varias agujas, y sacó una sierra eléctrica que estaba colgada en una vieja pared.

- Todo sirve - dijo, abriendo la puerta de la habitación, miró y sólo había un largo pasillo - Aquí vamos.

Habitación desconocida 2 - 00:45 horas

Bastián estaba arrodillado al centro de una gran sala. A los lados, esposados en las paredes estaban Sofía y Mario, y al centro estaban los cuerpos sin vida de Matías y Sonia. Tras él, Tatiana.

- Has traido hasta nosotros la ofrenda máxima que podemos pedir - comenzó a decir Tatiana - Tu familia. Luchaste contra todo y has demostrado tu fidelidad hacia nosotros, ahora te abriremos las puertas, Bastián.
- ¿Qué es esto? - preguntaba Sofía, sin saber que les iban a hacer.

Tatiana no respondió, se acercó al cuerpo inerte de Sonia, el cual tenía todo el estómago cocido, tomó una sierra y comenzó a cortar sin piedad la cabeza. Sofía gritaba desesperada en el fondo, y Mario no tenía fuerzas para nada, simplemente miraba.

Tomó la cabeza y la puso en las rodillas de Bastián.

- Tu trofeo - dijo ella - Pruébalo.
- ¿Trofeo? - preguntó Sofía - ¿Qué clase de trofeo?

Bastián sacó una pequeña cuchilla, cortó un trozo de la mejilla de su madre, hizo una reverencia, la puso dentro de su boca y la masticó. Sofía miró helada desde el fondo.

- ¡Enfermo! - gritó - ¡Bastián estás loco! ¡Loco!
- Bienvenido - dijo Tatiana, sonriendo.
- Al fin - respiró el muchacho, tragando el pedazo comido - Logré mi objetivo ¡Escuchaste papá, logré mi objetivo! ¡No soy un fracasado!
- Eres un enfermo - se lamentó Mario, completamente destrozado - Tu no eres mi hijo.
- ¡Qué mierda haces Bastián por favor! - gritaba fuera de sí Sofía - ¡Es tu madre! ¡No lo entiendo!
- Ellos me aceptaron tal cual soy - habló Bastián pausado, sonriendo pacíficamente - Ellos me pidieron una ofrenda y yo se las di.
- ¡¿Quiénes son ellos?! - preguntó Sofía cada vez más descolocada.
- Ellos, mis amigos - respondió Bastián.
- ¿Qué hicieron con Felipito? - preguntó Mario.
- Ayudamos a toda la gente que quiera alimentarse, por algunos pocos millones - contestó Tatiana.
- ¡No le hagan daño! - gritó Sofía.

Tatiana miró a Sofía pensativa.

- Tu Teresita sufrió muchísimo antes de morir - dijo ella, sonriendo.
- ¡No te creo! - gritó la prisionera - ¡No te creo perra enferma!

La puerta cayó sorpresivamente y en ese lugar apareció Leticia, con la sierra eléctrica encendida. Corrió directamente a Tatiana, la cual intentó defenderse con un cuchillo, pero la muchacha cortó el brazo junto con el arma.
Tatiana dio un gran grito de dolor, el cual culminó cuando Leticia la atravesó de un lado a con la sierra. Leticia sonrió.

- Hola Bastiancito - saludó, acercándose a él, el cual tenía en sus manos un gran sable.
- Te juro que te voy a matar - respondió el muchacho, poniéndose en posición de pelea.
- ¡Bastián por favor detente! - suplicaba Sofía.
- ¿Y qué vas a hacer después de matarme? ¿Comerme? ¿Hacerme sopa, o quizás una torta de Leticia? -
- Te voy a comer viva - contestó él.
- Vine a vengar a Francisco - replicó Leticia, cada vez más furiosa - Y te juro que lo haré.

Leti tomó con fuerza la sierra elétrica y comenzó a acercarse lentamente a Bastián. Este se hacía para atrás, hasta que quedó pegado a la pared.

- Te tengo como te quería... acorralado -

Leticia tomó la sierra, la puso sobre el sable que sostenía él, el cayó violentamente al suelo; ella sonrió y posó el arma a pocos centímetros del estómago de Bastián.

- Te odio - dijo Leticia - Te odio y te detesto, te aborrezco y te maldigo.
- ¡Mátame luego perra! - gritó Bastián - ¡Te juro que te voy a penar hasta el último día de tu patética vida!
- Vete al infierno - concluyó ella.

Completamente fuera de sí cortó por la cintura en dos a su ex novio. Luego, cubierta de sangre, siguió cortando y cortando, destruyendo el cuerpo haciéndolo irreconocible.

- ¡Ya basta! - gritaba Sofía - ¡No te emociones tanto!
- Déjame - respondió Leti, con una gran sonrisa en su rostro - Lo estoy disfrutando, estoy sintiendo el agradable sabor de la venganza.

Leticia dejó el arma en el suelo, miró a los dos prisioneros, y caminó hacia la puerta, ignorándolos.

- ¡Hey! ¡Leticia, sácanos de acá! - suplicaba Sofía - ¡Leticia que haces!
- ¡Pendeja estúpida! - gritaba enfurecido Mario - ¡Regresa!
- Ustedes me querían matar - respondió Leti, mirando con odio a ambos - Pues, ahora me voy, intenten salir por su cuenta, no estoy para caridad.

Leticia salió del lugar.

- Papá - dijo Sofía, angustiada - Te quiero.
- Yo igual te quiero hija - respondió él - Nos vemos... en algún otro lugar.
- Ya no salimos de acá, es imposible salir -
- Nunca quise que sucediera algo así - dijo Mario, llorando desconsolado - Nunca quise que mi familia terminara en este desastre.
- Papá, yo te creo - contestó Sofía, emocionada - Se que hiciste todo lo posible por sacarnos adelante, y discúlpame a mi por no entenderte.
- No tienes nada que disculparme - dijo Mario - Hay cosas que son así no más, tal vez me lo merezca, he tenido una vida de mierda, he dañado más de lo que pensé.
- No puedo entenderlo -

Ambos quedaron en silencio, llorando durante varios minutos, esperando el momento final de morir en manos de el grupo de caníbales.
El silencio fue brutalmente interrumpido, un hombre grande, de unos cincuenta años entró junto a otros dos, los mismos guardias que cuidaban la casa. Traían a Leticia delante, la cual miraba con odio a todos.

- Abaste no ha muerto - dijo el hombre - Suéltenla, veamos que puedes hacer, pequeña.

Los guardias soltaron a Leticia y la dejaron al centro del lugar.

- Por traidora te pasó esto - dijo Sofía - Te van a matar igual que a nosotros.

Leti se acercó lentamente a Sofía, ningún guardia se movió. Tomó un cuchillo del mesón y lo puso delante del desconcertado rostro de Sofi.

- ¡¿Qué haces?! - preguntó Sofía.
- Dejo llevar mis instintos - contestó Leti.

Leticia degolló con rapidez a la sorprendida Sofía y bajo el completo asombro de Mario. Luego tomó en sus manos el rostro de la ensangrentada muchacha y lo mordió con furia en la mejilla, sacando y desgarrando con brutalidad un pedazo de piel.
Lo mordió durante varios segundos.
Los guardias rodearon a Mario y le dieron una rápida muerte, también degollándolo.
Leticia se acercó al gran hombre y se arrodilló.

- Tienes potencial pequeña, deja fluir toda tu furia - dijo el hombre - Deja que tus instintos te dominen, bienvenida, sabía que no me equivocaba contigo.

Leticia se puso de pie, sacó sorpresivamente una de las tijeras que había tomado y las enterró en los ojos del gran hombre.

- Nunca voy a ser como ustedes, ingenuo - exclamó, escupiendo el pedazo de piel de Sofía que había comido. Luego sacó otro par de tijeras y los enterró en el corazón del hombre una y otra vez, con furia - Muere mierda, sufre porquería, ¡Vete al infierno!

Los guardias corrieron y apuñalaron por la espalda a la muchacha.
Leticia cayó al suelo, miró a su alrededor confundida, vio a Felipe delante, el cual lloraba desconsolado sostenido por una extraña mujer.

- Me vengué, Francisco - fueron las últimas palabras que pudo murmurar ella, segundos antes de morir desangrada en la horrorosa habitación.

La mujer hizo cariño a Felipe, lo tomó en brazos y lo acercó allí.

- Limpien y lleven al refrigerador, hay que guardar todo esto - ordenó ella, era Adela, la morena que aparecía torturada en el primer video. Luego se dirigió al niño - Pequeño Felipe, esto tienes que hacer cuando seas grande ¿Ya? En tus manos está Abaste, en tus manos y en tus instintos.

Cortó un trozo de piel de Leticia y lo comió, le pasó otro a Felipe, el cual lo degustó sin poner problemas.

- ¿Qué tal Felipito? - preguntó Adela, en tono maternal.
- Me gusta tía - dijo el pequeño, saboreándolo - Me gusta mucho.
- No me digas tía, desde ahora me llamarás Mamá - pidió ella.
- Me gusta mucho.... mamá - dijo Felipe, abrazando a su nueva madre. Ella lo abrazó también, y miró como sus guardias limpiaban todo, con una gran sonrisa en su rostro

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