domingo, 31 de enero de 2010

1x07: La última esperanza, parte II

Segundo piso, escalera principal - 18:00 horas.

Leticia y Franco aun se miraban anonadados. El silencio fue interrumpido por la voz de Bastián, quien salió de la habitación principal.

- ¿Qué pasó, por qué tanto grito? – dijo, molesto.
- ¡Secuestraron a tu hermano! – exclamó Leticia, alterada.
- Ya – respondió Bastián, haciendo un ademán de “¿y qué?”.
- ¡Cómo no te interesa lo que le pase a tu propia sangre! – se molestó Francisco.
- Relájense, si una vez que salga todo bien con el plan van a tenerlo de vuelta – dijo el relajado chico.
- ¿Qué pasó? – se escuchó un grito desde el living.
- Mejor bajemos, dejemos a la gente desagradable sola – dijo Leticia.

Living - 18:05 horas.

Sofía, Mario estaban de pie en el centro del living esperando a que bajara Leti y Francico. En el sillón aun estaba completamente sedada Ana Luisa.

- ¿Qué pasó, por qué tanto grito? – preguntó Sofía.
- Se llevaron al Mati – dijo Francisco.

Se produjo un silencio, el padre de Matías estaba helado mirando a su hija. Pasaron un par de minutos en que nadie habló, hasta que Sofía y Mario se miraron con los ojos llorosos y se abrazaron.

- Y antes de que cerraran la puerta… - continuó Leticia – Matías gritó el nombre de Teresa.
- ¡¿La Tere?! – exclamó Sofía, soltándose de su padre – Dime por favor que no me estás mintiendo.
- No sabemos por qué, pero lo dijo – aclaró Leticia, mientras se alejaba de Sofía, la cual estaba algo alterada.
- No puede ser, no puede ser … - hablaba para si misma Sofi, llorando – Mi niña puede estar viva… puedo sentirlo.
- No es por ser cruel – dijo Francisco, intentando calmarla – pero si gritó eso no es necesariamente porque esté viva.
- ¡Yo sé que está viva, yo lo se! –
- Quizás vio el cuerpo – murmuró Leticia.
- ¡Te escuché estúpida! – gritó Sofía - ¡No me quites la única esperanza que tengo, la única maldita esperanza de encontrar a mi Tere, a mi madre, a mi hermano y a Felipito con vida!

Mario por su parte, estaba completamente enmudecido apoyado en la pared, con los ojos rojos y llenos de lágrimas. Bastián bajó por las escaleras, y al ver a su padre así se acercó a él.

- ¡Y ahora viene a llorar el perla! – se burló él.
- No seas así Bastián – dijo Sofía, intranquila y nerviosa, mientras daba vueltas por toda la habitación.
- Primero él nos trae acá, luego sale con el pastelito de que su amante es la culpable de esto… ¡Tiene que perder a su hijo para recién darse cuenta de que es su culpa! – alegó Bastián.
- No creí que llegaríamos a esto – dijo Mario, acongojado.
- ¿Qué no creyó? – se unió a la discusión Francisco - ¡Se llevaron a su señora, a un niño inocente, a una muchacha que no tenía nada que ver con esto! Era obvio que le iba a tocar a uno de sus hijos.
- No a cualquiera… a su preferido – agregó Bastián.
- ¡Mi preferido porque siempre fue un buen hijo, no como ustedes, par de problemáticos! – alegó Mario, entre lágrimas – Mi Matías siempre fue un buen hijo, siempre, él no merece esto.
- ¡Tú lo trajiste a este lugar! – interrumpió Sofía – Tu lo trajiste a él, a mi Teresa, a mamá y a Felipe. Y tú vas a ser el único culpable de que estemos muertos.

El silencio se apoderó del lugar. Leticia se fue para la cocina a comer algo junto a Franco, Ana Luisa aun permanecía dormida en el lugar, Sofía lloraba apoyada contra la pared, Bastián fumaba y Mario estaba sentado, con la mirada perdida. El silencio fue interrumpido cuando éste no pudo más y comenzó a llorar.

- Discúlpenme por todo… ¡Es mi culpa, mi maldita culpa, lo acepto! Pero por favor, escúchenme – pidió desesperado el hombre.
- ¿Qué pasa papá? – se acercó preocupada Sofía.
- Yo tenía el dinero para pagar la maldita deuda que tenía con la perra de Tatiana. Estaba absolutamente todo, cada maldito peso que le debía, todo contado… -
- ¿Y? – preguntó Bastián, apurando a Mario.
- Me robaron el dinero – dijo – No se que pasó, pero desapareció. No pensé que eso nos iba a traer a este lugar, jamás pensé que el negocio de Tatiana fuera….
- Tráfico de órganos – terminó la frase Sofía. Se abalanzó sobre su padre y lo abrazó – Papá, gracias, mil gracias por reconocer y contar la verdad.
- Hija, discúlpame por todo… - dijo Mario, abrazando a su hija emocionado.
- Ya…. ¿Y crees que este show lacrimógeno va a solucionar todo? – interrumpió Bastián – Mira viejo, linda toda tu explicación, pero vamos al grano. ¿Te gustaba revolcarte con tu amante todas las noches? Sí ¿Te gustaba tratarnos como la basura máxima que hay? Sí. Te gustaba meternos el dedo en la boca siempre… ¡Es demasiado tarde para excusas baratas!
- ¡Ya para Bastián! – se molestó Sofía – Al menos agradece que el papá tuvo la valentía de reconocer sus errores.
- ¡Felipe donde estás! – se despertó bruscamente Ana Luisa - ¡Felipito!
- Nana calma… - se acercó a ella Sofía – Tiene que estar tranquilita.
- ¡Quiero a mi hijo! – gritó la mujer, empujando a Sofía.

Ana Luisa subió las escaleras desesperada. Tras ella, Sofía y Bastián la siguieron para frenarla.

Segundo piso, escalera principal - 19:10 horas.

Ana Luisa miró a su alrededor y vio la puerta que daba al tercer piso. Completamente fuera de sí tomó una pequeña mesa que había en el lugar y la tiró contra la puerta.

- ¡Devuélvanme a mi hijo! – gritaba.
- ¡Ya nana para! – gritó Bastián, mientras la agarró con fuerza.
- Suéltame, necesito a mi Felipe – se zamarreaba Ana Luisa, sin poder soltarse del joven.
- Nani, por favor, calma – intentaba tranquilizar a la histérica mujer Sofía – No vamos a lograr nada así.

Ana Luisa se siguió zamarreando y gritando, hasta que no pudo más. Terminó con un suspiro y llorando en los brazos de Sofía.

- Necesito a mi hijo –
- Nana, bajemos mejor – dijo Sofía. Bastián las siguió

Cocina – 19:15

Leticia cerró el refrigerador y Francisco cortaba algo de queso para hacer un pan.

- Sabes Francisco… - dijo Leticia.
- Dime –
- No se si me pasa sólo a mi… y como ya te tengo confianza… - dijo ella.
- Suéltalo luego Leti – dijo Francisco, sonriendo.
- ¿Te parece extraña la actitud de Bastián? – preguntó ella.
- Ah, era eso – respondió Franco – La verdad… sí. Está demasiado seguro.
- Me causa mucha desconfianza todo lo que él hace – susurró Leticia al oído de Francisco – No estoy segura de querer seguir en su plan de escape.
- Leti… te aseguro que nada malo va a pasar – murmuró Francisco a Leticia, acercándose cada vez más a ella – Estamos juntos en esto, y no voy a dejar que nada malo te pase.
- Gracias Francisco –
- Leticia… - dijo Francisco, acariciando el rostro de la muchacha y mirándola a los ojos – gracias a ti por estar junto a mí en este momento.
- Pues yo tampoco dejaré que nada malo te pase – respondió ella, coqueta.

Ambos rieron y se volvieron a mirar fijamente. Francisco tomó el rostro de Leticia y acercó sus labios lentamente a los de ella, hasta juntarlos completamente en un largo y apasionado beso.

Living – 19:30

Bastián ordenaba las últimas cosas para la famosa huída. Junto a Francisco, tomaban algunos instrumentos que pudieran servir, y en los brazos de Sofía, Bocado esperaba su turno.

- Pues ya estamos listos – dijo Bastián, tomando a Bocado.
- Por favor, cuiden a mi gato – pidió Sofía, acariciando a su mascota.
- No te aseguro nada, pero es nuestra última esperanza – respondió Francisco.
- Entonces Sofía. Cuando estemos arriba y yo grite, tu rompes la ventana y lanzas a Bocado por ahí. Recuerda, por la izquierda, nosotros saldremos por la derecha – ordenó Bastián.
- ¿Estás seguro que va a funcionar? – preguntó Sofía.
- ¿Estás dudando de mis capacidades? – recriminó Bastián, acariciando al gato.
- Suena demasiado simple como para que funcione – dijo Leticia, apoyando a Sofía - ¡Es estúpido!
- Usted no se meta, que su cerebrito no da para mucho. La única estúpida eres tú – respondió Bastián con tono sarcástico – Ustedes tienen bien claro que es nuestra última esperanza… ¿O van a esperar a que nos lleven uno a uno al “matadero”?
- ¿Y qué pretendes hermanito? - preguntó Sofía.
- Simple. Al hacer ruido por este lado, ellos vendrán a ver, lo cual los distraerá y nos dará el tiempo suficiente de escapar - respondió él, seguro de su plan.

Todos quedaron en silencio, Leticia miraba dudosa a Bastián.

- Ten cuidado Bastián, no nos vas a hacer pasar gato por liebre – volvió a hablar Leticia – Si no fuera nuestra última opción no la tomaríamos.
- Francisco, sígueme, llegó la hora – ordenó Bastián, ignorando las palabras de su ex.

Bastián subió las escaleras, con una cuerda en las manos. Francisco antes de subir se acercó a Leticia.

- Sube sigilosa y escóndete en la habitación vacía. Prometo golpear la pared para que estés lista – susurró a su oído el joven - Y procura tomar algún objeto filoso.

Habitación principal – 2º piso – 19:40 horas.

Bastián tomó uno de los cuchillos de cocina que llevaba junto a él y comenzó a forzar las maderas que tapaban la ventana. Junto a él, Francisco desenredaba un cordel.

- Llego la hora – dijo Bastián sonriendo, tomando en sus manos el último palo.

Frente a él había un balcón. Y fuera de eso se veía el furgón de la familia y un par de guardias dando vueltas junto al vehículo.

- ¡Ya! – gritó el joven, saliendo del lugar y tomando el cordel.

Francisco golpeó la pared y salió junto a Bastián.

Patio de la casa – 19:45

Un ruido de un vidrio quebrándose sonó, junto a eso, algo que salía y se daba paso en el lugar se veía, una extraña silueta que venía del living. Los guardias corrieron hacia el lugar para ver lo que sucedía, dejando el vehículo solo.
Bastián amarró rápidamente la cuerda a uno de los pilares del balcón y la lanzó hacia el suelo.

- Baja tu primero – ordenó a Francisco.

El joven descendió, e inmediatamente Bastián le siguió. Ambos se dieron paso entre los arbustos para llegar al furgón. Bastián tomó las llaves y se puso junto a la puerta. Al girar, vio a Leticia que venía corriendo tras ellos.

- ¿Y qué hace esta perra acá? – recriminó a Francisco en voz baja.
- Iremos contigo – dijo Franco, tomando con sus manos un cuchillo.
- Nosotros no tenemos nada que ver con esta basura – entre jadeos dijo Leticia, tomando en cada mano una cuchilla.
- Si querían jugar con fuego… - dijo Bastián, ignorando las palabras de ambos.
- ¡Es una orden! – gritó Francisco, acercándo el filo de la cuchilla a Bastián.
- Si querían jugar con fuego, se quemaron – terminó la frase el jóven, que sacó una pistola de su bolsillo.

De la camioneta salió un guardia con una escopeta en sus manos. Se puso tras Bastián, apuntando directamente a los dos jóvenes.

- ¿Y ahora, me quieren seguir? - preguntó Bastián, apuntando a Leticia.

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