domingo, 31 de enero de 2010

1x01: Vacaciones

Casa de los Torrealba – 13:30 horas.

“Ya va un mes de la deuda maldito perdedor. Esto pasó a manos de mi empresa, lo siento amorcito, cariños, Tatiana”.

Mario luego de leer el mensaje guardó el celular en su bolsillo como si nada pasara. La familia Torrealba se movía frenéticamente por toda la casa buscando las últimas maletas… las vacaciones perfectas comenzaban.

- Señor Mario, ya guardé todas las ollas y la comida suficiente para los 15 días que estaremos fuera – dijo Ana Luisa, la nana de la casa, de la mano con su hijo Felipe de tan sólo 10 años.
- Recuerda que viene más gente de lo normal, cada uno de mis hijos trae a un invitado – dijo Mario, mientras miraba a su hija mayor Sofía, la cual bajaba por la escalera de la casa a duras penas su maleta.
- Llevo comida para un regimiento completo –contestó Ana Luisa.

En la escalera, Matías, el hijo del medio de la familia, corrió a ayudar a su hermana a bajar sus cosas.

- Mati, no me ayudes, ¡si me las puedo sola! – reclamó Sofía, cargando los bolsos a duras penas.
- Sofi, yo te ayudo, si ya terminé con todo lo mío, anda a llamar a tu amiga que aun no llega mejor será – dijo Matías, afirmando la maleta de su hermana mayor – No seas tan testaruda y llama, ¡no se vaya a quedar abajo la Teruca!
- Si hablé recién con la Tere – dijo ella, sonriendo – Viene en camino.

En el fondo de la habitación estaba Bastián y su novia Leticia abrazados sobre el sillón.

- Leti, mi amor, ¿Guardaste todo en el furgón? – preguntó Bastián.
- Ya estoy lista mi niñito, la pasaremos muy bien – respondió alegre, mientras Bastián la besaba en la mejilla y le tomaba las manos – Estoy segura que van a ser unas vacaciones increíbles.
- Obvio mi vida, si el lugar lo escogí yo – dijo el joven, mientras acariciaba el pelo de la muchacha.
- Aunque te costó harto convencer a tus papis –
- Pero lo importante es que ya está, y serán unas vacaciones inolvidables – sonrió Bastián – Una casa alejada de toda esta mugre de la ciudad, rodeados de árboles, montañas, hermosos paisajes… perfecto.
- Así es mi amor – dijo Leticia, besando al joven en los labios apasionadamente.

El teléfono comenzó a sonar, Sonia, la esposa de Mario y madre de los chicos, se acercó a atenderlo y contestó con la amabilidad que siempre la caracterizaba.

- ¿Aló? Familia Torrealba, ¿Con quién desea hablar? –
- El pago – comenzó a hablar una voz de hombre, algo ronca – creo que saldaremos con intereses incluidos.
- ¿Aló? – preguntó extrañada – Parece que se equivocó de número señor.
- Ustedes se equivocaron – dijo la voz, luego el teléfono se cortó.

Sofía se acercó a su madre, mientras en sus brazos llevaba a su inseparable gato, Bocado.

- ¿Mamá quien era? – preguntó Sofía.
- Equivocado, supongo – respondió Sonia, quitando importancia a lo sucedido – Quizás era una broma, que se yo.
- Ah, pensaba que era la Tere –

Sonia tomó las últimas bolsas y las llevó al furgón blanco que arrendaron especialmente para este viaje.

- Mi amor, ya está todo casi listo – dijo, llevando las maletas.
- Voy al tiro – dijo Mario, mirando nuevamente el celular.

“Amorcito, es la última oportunidad. Espero respuesta, o si no comienzan los verdaderos intereses, un beso! Tati”

- Siempre con tus bromas – se resignó Mario, mientras guardaba el teléfono – Nunca cambias Tati.
- Mario, apúrate – reclamaba Sonía.
- Amor, ¿recuerdas lo del dinero? – preguntó el hombre.
- Sí, pero ya está la constancia en la policía – respondió Sonia - ¡Ahora vamos a relajarnos! A la vuelta arreglas cuentas.
- Tienes razón – dijo, abrazando a su mujer.

Furgón, antejardín de los Torrealba – 14:00 horas.

Mario subió en el furgón, la casa estaba completamente cerrada, alarma puesta, y algunas luces prendidas para dar la sensación de presencia de gente dentro.

- ¿Están todos? – preguntó, mirando hacia atrás.
- Si papá, la Tere ya llegó, era la única que faltaba – dijo Sofía, quien iba sentada en el segundo asiento junto a su amiga, y en sus brazos, el gato.

El orden en el furgón era así. Adelante iba Mario junto a su esposa. En la primera corrida de asientos iba Bastián abrazado a su novia Leticia, y Matías. En la segunda corrida iba Teresa, Sofía y Francisco, el mejor amigo de Matías. Al final iba Ana Luisa y su pequeño hijo Felipe.

- Bastiancito, ¿trajo el mapa del lugar? – preguntó Sonia.
- Si mamá, acá lo traigo – dijo, tomando el mapa en sus manos – Yo les aviso cuando haya que comenzar la travesía hacia nuestro paraíso.
- Mira Bastián, tu programaste todo esto, espero que valga la pena hijo – dijo Mario, mientras manejaba buscando la salida hacia la carretera.
- No se para que le hacen caso a este otro, nunca ha hecho nada bien – murmuró Sofía.
- ¡Ah ya! Ahora nos habla la señorita excelencia, ¡la que toda la vida ha sido perfecta! – comenzó a burlarse Bastián, como solía hacerlo siempre.
- Ya pues niñitos, no empiecen, vamos a disfrutar ahora – acotó Ana Luisa, quien ya era como de la familia.
- ¡Pero Nani! – dijo Bastián, quien sentía gran aprecio por su nana – usted sabe que siempre esta otra me está mirando en menos.
- ¿Pero sabe qué? Al menos estoy feliz, no soy un solterón – terminó el joven.
- Niñitos, no empiecen de nuevo – se daba vuelta para mirar hacia atrás Sonia, levantando los lentes de sol que cubrían sus ojos – Hijos, no peleen, disfruten del viaje mejor.

Furgón, carretera– 17:00 horas.

Luego de 3 horas de viaje por la carretera, Bastián tomó el mapa y comenzó a leer los letreros de la autopista para ubicarse.

- Papá, tienes que doblar donde diga “Abaste” –
- ¿Abaste? – preguntó Mario
- Abaste, es un pueblucho sin importancia, pero hacia ese lado queda la casa -
- Tío, el Bastián me mostró fotos de Abaste– dijo Leticia – ¡Es súper lindo!.
- Hacia esos lugares vamos mi vida – dijo Bastián, tomando por la cintura a su novia y besándola.

Siguieron el camino en completa paz, la mayoría dormía, excepto Mario que conducía, Bastián que tenía que indicar el camino, y Ana Luisa, que siempre ha sido una especie de vigilante de la familia.

Pasaron por Abaste, un pequeño pueblo que quedaba junto al camino, algunas pocas casas y mucho campo. Según el mapa sería el último pueblo antes de llegar a destino.

Siguieron el camino y llegaron hacia una bifurcación, Bastián indicó un camino de tierra sombrío, rodeado de árboles. La temperatura comenzó a bajar, y la noche comenzaba a caer.

- Creo que ya llegamos papá. Mira aquella casa – indicó con el dedo a una casa de 3 pisos de madera bastante grande, con un gran patio y rodeada de árboles inmensos.
- Es igual a la de la foto al menos ¡No nos estafaron! – dijo Mario, doblando hacia la parcela y dejando el furgón cerca de la entrada de la casa, una puerta de madera grande con un letrero colgando – Familia, ¡hemos llegado!

Patio de la casa vacacional – 19:45

Comenzaron a descargar las cosas, mientras algunos recorrían el jardín, mirando el hermoso paisaje que les rodeaba. Un lugar lleno de árboles, con toda la cordillera tras ellos, sin ninguna otra casa a kilómetros de distancia. Bastián se acercó y abrió la puerta de la casa y comenzaron a entrar las cosas.

- ¡Esto es hermoso! – dijo Sofía, soltando al gato para que ande por el pasto.
- Así es amiga, me encanta, es tan pero tan … ¡verde! ¡Naturaleza pura! – dijo Teresa, mirando el lugar con asombro – Tenemos que ir a dar muchas vueltas y recorrer todo, ¿ya amiga?.
- Lo haremos, hay mucho tiempo, ¡son 15 días! – dijo Sofía.
- Mira atrás, hay una escalera extraña – se extrañó Teresa, observando una escala que unía el tercer piso con el patio directamente.
- Estas casas campestres son extrañas – le restó importancia al hecho Sofi.

Living – 19:45

Leticia y Bastián recorrían el primer piso abrazados. La joven se dio vuelta para ver una de las fotos que estaban en la biblioteca. Puso especial atención en una, en la cual aparecía una mujer morena, pelo largo, con rostro angustiado.

- ¿Quién es ella? – preguntó.
- Que se yo – respondió su pololo.
- ¡Mira lo que dice detrás! – dijo ella, dando vuelta la fotografía y leyendo – Auxilio.
- Debe ser una broma – Bastián tomó la fotografía y la rompió.

Ya era completamente de noche y aun no recorrían el segundo y tercer piso. Las maletas estaban todas en el living. La hora de la cena ya llegaba, y Ana Luisa había terminado de poner la mesa.
El comedor y living quedaban juntos, una mesa de madera rústica rodeada de sillas del mismo material, un gran sofá de cuero rodeado de otros pequeños sillones, y un televisor con una videograbadora para ver películas. Y en el fondo, una gran biblioteca con algunos extraños adornos se posaba frente a los sillones.

- ¡Ya está servido! – gritó Ana Luisa.

Se sentaron y se sirvieron el plato de fideos en un santiamén. Cuando ya se disponían a comenzar a retirar los platos, un extraño ruido exaltó a todos. Sonó la puerta, una cadena y un candado. Todos quedaron impactados se miraban unos a otros asustados, las luces se apagaron y quedaron en la penumbra absoluta. Comenzaron a sonar las ventanas, y los pasos de dos personas, una a cada lado de la casa.

- Mamá tengo miedo – dijo Felipe entre sollozos, aferrándose a su mamá.
- ¡¿Quién anda ahí?! – gritó Mario, tomando la escoba y el cuchillo que estaba en la mesa para picar el tomate.

Unos pasos se comenzaron a sentir en la escalera, no se veía absolutamente nada, excepto la luz de la luna que penetraba por una de las ventanas. Los pasos se detuvieron, y una silueta se posó justo delante del reflejo. Las luces se prendieron, y un hombre de unos 35 años, vestido completamente de blanco, estaba frente a ellos.

- Bienvenidos – dijo el hombre, con una sonrisa en el rostro – Estas son las vacaciones que soñaron.
- ¡Pero si esto no estaba en el precio del arriendo! – dijo Bastián
- Considéralo gentileza de la casa. Voy a ser bastante claro con esto – dijo, sacando una pistola del bolsillo – Si yo fuera usted don Mario, suelto ese cuchillo por el bien de su familia y amigos.
- ¿Quién eres? ¡De dónde sabes mi nombre! – gritó Mario, soltando el cuchillo.
- Eso lo vas a saber a su debido tiempo, por el momento les vengo a presentar el lugar. Pueden llamarlo “el matadero”. En toda la casa van a encontrar la información necesaria para responder sus dudas. Les vengo a plantear la primera parte de… ¿Cómo podemos llamar esto? Nuestro juego. Vamos a divertirnos, en exactamente 3 horas más, vean el reloj que está en la biblioteca, voy a bajar y llevaré a uno de ustedes. Si quieren saber para qué, averigüen, tienen 3 horas para recorrer toda la casa en busca de las pistas que aclaren sus dudas, asunto de ustedes si lo hacen o no. Si no eligen a una persona, se van a venir todos conmigo y acabaremos esto rápido. ¿Pero saben qué? – dijo, en tono relajado – Cuando vean de que trata nuestro jueguito les aseguro que van a querer seguirlo. ¡Sí es muy divertido! Va a ser una experiencia excitante… ¿Dudas?

El rostro de terror e impacto de todos era evidente. Nadie siquiera se atrevió a hablar, no entendían absolutamente nada de lo que pasaba, pero de algo estaban seguro, no iba a ser algo bueno. El nombre matadero les erizó los pelos, y cada palabra que salía de la boca de aquel tranquilo sujeto la escuchaban horrorizados.

- Por lo visto vieron la foto de Adelita – dijo el hombre, mirando los pedazos de la destrozada fotografía que estaban repartidos por el suelo – Ella tuvo la suerte de ser elegida… ¡Ahora es el turno de ustedes!
- ¿Qué le pasó a ella? – preguntó Leticia – La foto decía “auxilio”.

Él sólo sonrió, mirando fijamente a la joven a los ojos.

- Antes de irme, me llaman el "Desollador", para que sepan. – dijo - Nos vemos

Las luces se volvieron a apagar. El hombre subió por la escalera y sus pisadas se escuchaban por todo el segundo piso. Se dieron cuenta que subió nuevamente por las escaleras al tercer piso, y ahí se perdió completamente el sonido. Las luces se volvieron a encender, junto con ello, una nota estaba tirada en el suelo. Leticia se levantó y recogió el papel.

“Mi nombre es Adela… y fui torturada.”

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