domingo, 31 de enero de 2010

1x02: La Elección

Living - 22:00 horas

Todos comenzaron a salir del pavor que sentían. Estaban tras la mesa absolutamente pegados unos a otros, salieron de aquel lugar y se sentaron en el living para comenzar a pensar lo que sucedía.

-¡Pero papá, tu escuchaste que nos dio 3 horas! – decía algo enojada Sofía.
- Pero mira Sofi, esperemos las 3 horas, nos organizamos y entre todos lo reducimos– dijo Mario.
- Tío Mario – dijo Francisco, el amigo de Matías – ¿Por qué primero no buscamos y luego decidimos que hacer?
- Papá – dijo Matías, sacando algo de personalidad – Apoyo a mi amigo.
- ¿Ya? – habló Mario, en un tono un poco más golpeado – Miren, acá soy yo el hombre de la casa, y nos vamos a organizar y vamos a reducir a este tipo.
- ¡Mira papá! – gritó Bastián, exaltado - ¡Siempre tenemos que hacer lo que tu dices, escúchanos por alguna miserable vez de tu vida!. ¿Acaso eres ciego? ¡Acaso no ves que hay dos hombres rondando la casa!, ¿Quizás cuanto más hay? ¿10? ¿20?. Busquemos las putas pistas que dijo este tipo y pensemos después.
- ¡No me faltes el respeto! – dijo Mario – Está bien, hagan lo que quieran.
- Por favor familia, no desesperen. Lo más importante es estar unidos – Dijo Sonia, abrazando a Ana Luisa, quien a su vez abrazaba a su hijito Felipe – Mira amor, hagamos caso a los niños y busquemos, quizás encontramos algo.
- Pero vamos juntos por favor, dividamos en grupos – dijo Sofía.
- Sabes que hermanita – dijo Matías, mirando el videograbador– creo que esto no va a ser necesario. ¡Este video tiene una cinta!.
- ¡Pues que esperas para reproducirla niño! – replicó Mario en tono autoritario.

Cinta:
El mismo hombre que entró a la casa junto a una mujer que cubría completamente su rostro con una mascarilla y lentes aparecen en un lugar oscuro y siniestro. Se escuchó el grito de otra mujer de fondo.
El hombre se acercó a la pantalla y comienzó a hablar.

- Vacaciones perfectas, este video está grabado especialmente para Mario y su hermosa familia. El juego ha comenzado. Les presento El matadero, un lugar… sí, hay que decirlo, huele mal, pero tenemos todo lo necesario para realizar nuestra labor. Les presento a mi amiga y ayudante, “Manos rápidas”, y mi nombre, “El desollador”. El juego es sencillo, pueden buscar por la casa nuevas pistas sobre su destino, pero ahora quiero mostrarles gráficamente lo que les va a pasar. Adelante Adela –

La mujer de la foto, morena, con el rostro completamente sucio y atemorizada, apareció amarrada en una camilla, rodeada de mesones cubiertos con sangres e instrumentos quirúrgicos y no tanto, de todo tipo: Bisturí, serruchos, sierras, alicates, botellas llenas de líquidos de diversos colores, etc.

- Adelita, niña, salude a la cámara. Cuéntenos – dijo el Desollador – Quién es usted, de donde viene.
- Adela…. – dijo entre sollozos – ¡Me van a matar!, por favor, tengo un hijo no lo haga.
- Adela, por favor relájese, si estamos en confianza. –
- Ellos me tomaron – dijo, mientras su voz se quebraba – y me tienen acá, no se que … no se que va a pasar.
- Ahora lo sabrás Adelita. Mira, Manos rápidas, venga para acá y comience su trabajo.

Manos rápidas cubrió sus manos con unos guantes quirúrgicos, y tomó un palo de escoba y comenzó a golpear a la mujer en la cabeza. Esta gritaba y se zamarreaba entera intentando huir, pero era imposible. Luego agarró la nariz de la mujer y la quebró. Un grito desgarrador se oyó.

- Lamentablemente – acotó el hombre – la anestesia se acabó, podemos machucarla un poco, eso ahora hace mi ayudante en este momento. ¿Hermoso, no?.

“Manos rápidas” se acercó a un mesón cubierto de sangre, tomó un cuchillo cocinero, y se acercó a la mujer. Ésta sollozaba, gritaba, vomitaba, sudaba. La torturadora tomó el cuchillo y lo acercó al rostro de Adela, mientras ésta intentaba morderlo. Manos rápidas desató la blusa de la mujer y con la cuchilla rompió el sostén justo en el medio, dejando sus pechos al descubierto. Tomó el cuchillo con las dos manos, lo levantó, y lo enterró en el estómago de la mujer y comenzó a abrirla completamente, su guante y traje se llenó de sangre, mientras Adela dio un último grito completamente desgarrador, luego quedando inconsciente.

- ¿Y quieren saber por qué se llama manos rápidas? – terminó el hombre - En el próximo capítulo. No se lo pierdan.

El rostro de cada una de las personas que veía el video era aterrador. Sofía, Leticia y Sonia lloraban, mientras Matías no pudo contener las ganas de vomitar, manchando todo el suelo. Bastián era el que parecía más sereno, intentando calmar a su novia. Ana Luisa cubrió los ojos y oídos de Felipito para que no oyera nada.

- ¿Qué tenía el video mami? – preguntó el niño inocentemente.
- Nada mi niño – respondió Ana Luisa entre sollozos – Todo va a estar bien, te lo prometo.
- ¡Esto es una mierda! – gritó Mario, desesperado – ¡Yo no voy a ofrecer a nadie para que muera de esa forma!.
- Tenemos exactamente 2 horas para idear que hacer – dijo Sofía entre sollozos – Y hay que pensar muy bien lo que haremos.
- ¡Yo que tu empiezo a pensar en que nos harán! – dijo Francisco llorando - ¡Me quiero ir de acá, nunca debí aceptar la invitación.
- Por favor amigo no desesperes, ya estamos acá – dijo Matías, intentando calmar a Franco – Sólo nos queda pensar bien que haremos.
- Mi madre – dijo llorando Franco – mi madre, ¿Quieren saber que fue lo último que me dijo? … ella….. ella me dijo que me cuidara, que volviera a salvo, y que – se el quiebra la voz y comienza a llorar amargamente – y … y que me quería mucho. ¡Ella nunca hace eso!.
- Mijo, calmese por favor, vamos a hacer todo lo posible por salir de acá – abrazó Sonia a Francisco – Volverás a salvo a los brazos de tu madre.
- Miren – dijo Ana Luisa, en un tono conciliador – Familia. Estamos en este lugar y nos queda una sola cosa por hacer, afrontar lo que pasa. No podemos quedar de brazos cruzados esperando a que este hombre venga y nos torture uno a uno, pero tampoco es bueno caer en la desesperación. La unión hace la fuerza, mis niños – dijo, mirando a Sofía, Matías y Bastián – Esto se los vengo enseñando de pequeños, es hora de aplicarlo.
- Siempre con consejos tan buenos mi nani! – dijo Bastián.

Mientras tanto, Teresa se había alejado del lugar y revisaba con atención cada cajón de la inmensa biblioteca. Extrañada, tomó una carpeta azul llena de polvo. La abrió, y un grito ensordecedor desvió la atención de toda la familia que discutía sobre que hacer. La carpeta cayó, y Teresa se alejó y comenzó a llorar. Mario fue en busca de la carpeta.

- ¡Mierda! – gritó - ¡Esta carpeta tiene nuestras fotos!
- ¡De qué hablas papá! – dijo un exaltado Matías, ya el pasivo carácter del joven había quedado completamente atrás – Habla por favor.
- Nombre… Mario Alejandro Torrealba Lagos. Edad, 50 años. Estado de salud: óptimo – leía un titubeante Mario – Grupo sanguíneo… ¿Grupo sanguíneo?.
- Esta gente ya sabe todo de nosotros – dijo Sonia - ¿Pero para que van a necesitar el grupo sanguíneo?
- ¡Mamá, date cuenta que esta gente está loca! – acotó una exaltada Sofía - ¡Son unos sádicos! Nos van a triturar, cortar y de ahí botar.
- Son psicópatas, tiene razón la Sofía – dijo Bastián – Como nunca concordamos en algo hermanita.

Según el reloj ya había pasado poco más de dos horas La familia estuvo durante esa hora buscando algún otro indicio o pista que les ayudase a entender lo que sucedía. Nada. La cinta de video y esa carpeta con sus fichas era lo único que tenían, y el pavor les hacía imposible siquiera pensar en subir a las habitaciones a buscar. Ni siquiera a la cocina se atrevían a ir.

- Estas cosas las muestran en la tele – decía una nerviosa Leticia – ¡no sé! Quizás las carpetas tienen algún acertijo.
- Cállate estúpida – dijo Bastián, enojado – no hables imbecilidades de tus programuchos baratos de televisión. ¡Necesitamos reales aportes!.
- ¡Heey! No le hable así a su novia me escuchó – dijo Mario, apuntando con el dedo a su hijo.
- Mira viejo, a mi nadie me va a apuntar así, ¿Me escuchaste? –
- ¡Por favor paren! – dijo Sofía, interponiéndose entre Mario y Bastián.
- Miren esto – dijo Francisco – ¡si muevo el video suena algo!.
- Pero podemos perder evidencia si lo abrimos – dijo Sonia, poniendo en práctica sus estudios pasados – Háganlo con cuidado. Si logramos salir de ésta, esto sería la prueba más grande de que estamos frente a unos psicópatas y podemos comenzar la investigación más rápidamente.
-Mamá nunca te había oído hablar así – dijo Matías.
- Mati, tu mamá es abogada, especialista en crímenes- respondió Sonia – Ábranlo, pero sin romper la cinta.

Mario tomó el cuchillo de la cena que había soltado cuando el extraño hombre bajó desde el techo. Golpeó el video en el centro con fuerza, justo en la zona donde no había cinta. Luego de unos cuantos intentos logró quebrajar el plástico. Salió un mal olor. Siguió intentando, hasta que pudo sacar un pedazo. Zamarreó el video, y de allí cayó un dedo cortado junto a una nota que estaba amarrada a él.

“Mi dedo… Adela”.

- ¡Esto no nos ayuda en nada! – gritó Francisco, llorando.
- Ya quedan tan sólo 10 minutos – dijo Ana Luisa, tomando en brazos a su hijo.
- ¡Papá ya van a venir, que hacemos! – gritaba entre llantos Sofía, mientras se aferraba a su amiga y su gato.
- Yo creo que nadie va a querer ofrecerse para tal macabra tortura – dijo Matías, pensativo.
- ¡Pero si no se ofrece alguien nos tiran a todos al mismo tiempo! – dijo Bastián desesperado.
- ¡Conmigo no cuenten! – gritó desde el otro lado de la sala Leticia, quien estaba llorando en una esquina - ¡A mi no me van a tocar ningún pelo!.
- ¡Vengan y traigan la mesa, cubriremos la entrada de la escalera, hay que hacer difícil que entre! – dijo Mario – Resistencia.

Todos comenzaron a ayudar. Tomaron la mesa y la movieron hacia la escalera, bloqueando la pasada. Luego tomaron el sillón, y siguieron bloqueando la pasada, hasta dejarla casi completamente inaccesible.

-¡Ya llegó la hora! – dijo una desesperada Leticia, quien no se movió del rincón donde lloraba.

Todo quedó completamente en penumbras de nuevo. Pero para sorpresa de ellos, no sonaba nada desde la escalera. ¡El candado que estaba en la puerta era el que sonaba!. Todos se arrinconaron en el mismo lugar que habían estado antes, pero ahora sin la mesa que los protegiera. Sintieron un zamarreo tras ellos, y la ventana que daba hacia esa pared se abrió, mientras una mano comenzó a acariciares el cuello a todos. Ni siquiera se movieron, sólo lloraban a escondidas, nadie se atrevía a hacerlo. La puerta se abrió y las luces se encendieron. Dos hombres cubiertos por las mismas mascarillas y lentes que cubrían a “Manos rápidas” en el video, aparecieron con unas escopetas en brazos. Además de eso, el mismo hombre del video apareció junto a ellos, “El desollador”.

- ¡Veo que buscaron harto! – dijo el hombre – Hasta dieron vuelta las mesas, el sillón, creo que se tomaron bien en serio el juego.

Nadie habló, todos se miraron con pavor.

- Miren … ¡relájense, tenemos harto tiempo para charlar!. Me imagino que todos saben por que estoy acá. Soy el primero, me toca. Creo que las reglas de este juego ya las saben .. ¿O me equivoco?. Pero aun no voy a proceder a saber quien será el primero en saber por qué me he ganado este nombre. – hablaba el Desollador con total tranquilidad – ¡Marito! El jefe de familia está completamente aterrado, ¡pero miren esa cariiiita!. Si hasta casi me inspira lástima. –
-¡Qué quieres de nosotros! – gritó Mario, tiritando – ¡No te tengo miedo!.
- ¡Estás tiritando hombre! – respondió el Desollador – Pero que más da, ya te tocará tu turno. Veamos ¿Quién va tener la primicia en saber por qué me llamo… “El desollador”?.

Nadie respondió.

- ¡Pues veo que aun no han decidido, eh!. Hombres, hagan su trabajo- gritó el desollador, molesto – Ahora a viva voz me van a decir quien va a ser el primero.

Los dos guardias se acercaron apuntando a la familia y los ordenaron en fila, arrodillados, con los brazos en la cabeza, incluyendo a Felipe.

- ¡No toque a mi hijo! – pedía entre llantos Ana Luisa.
- ¡De rodillas niño! – gritó el guardia. Felipe hizo caso, llorando.

El desollador, sacó de su bolsillo una cuchilla, y se acercó primero a Mario. Puso el filo en su cuello.

- Marito, vote – dijo el desollador.
- ¡Para! – gritaba.

La cuchilla penetró la primera capa de piel del hombre, salió sangre del cuello mientras este se quejaba.

- ¿Ves que es entretenido? ¡¿Vas a votar ahora, o te la entierro hasta el fondo?! – gritó el Desollador.
- ¡Leticia, nunca la he soportado! – gritó Mario, llorando.
- ¡¡¡Pero tío!!! – respondió Leti, entre llantos amargos.
- Señora Sonia, un gusto conocerla. ¿Va a votar, o la tengo que cortar también para que lo haga?
- ¡Leticia! – gritó Sonia, guardándose el llanto. Leti comenzó a llorar y gritar amargamente.
- ¿Y usted señorita Sofía? – preguntó el desollador, pasando la cuchilla por los ojos de la muchacha.
- ¡No voy a responder! – gritó ella.
- ¿Estás segura? – volvió a preguntar el extraño sujeto, posando la cuchilla en el cuello de la segura joven.
- ¡Segura! ¿Me vas a matar por eso? – respondió desafiante.
- No se me haga la valiente – dijo el hombre, enterrando la cuchilla en la piel. Sofía gritó.
- ¡No quiero decir, esto es ridículo! – gritaba ella, mientras lloraba - ¡Me niego!
- ¿Te estás ofrenciendo niñita? - amenazó el Desollador, tomándola del pelo con furia.

El tira y afloja comenzó a desesperar a los familiares. Sofía luchaba con fuerzas contra El Desollador, mientras este la obligaba a salir de la fila.

- ¡Ya paren esto! – gritó Teresa, levantándose del lugar - ¡Yo me ofrezco! ¡Yo seré la primera, pero por favor déjela en paz!

Todos se miraron atónitos, Teresa se acercó al desollador y se arrodilló ante él en señal de entrega.

-Acá estoy – dijo – Soy suya.
-¡Pero Tere! – dijo Sofía, levantándose y abrazando a su amiga – Porfa, no lo hagas, ¡te lo pido por favor!
- Mi amor, discúlpame, pero alguien tiene que ser el primero – dijo entre llantos la joven arrodillada. Elevó su vista y miró a los ojos a Sofía-. Confía en mí, esto tiene que ser así. No me pasará nada, sólo confía en mi, ¿ok?
- ¡Pero por qué tu! – lloraba Sofía, abrazando a la joven por la espalda- ¡Pero por qué! ¡Eres demasiado importante para mí!
- Amor, confía en mí. Tiene que ser así, sé de que te estoy hablando -insistió Teresa.
- ¿De qué estamos hablando? – preguntó el Desollador, con un tono sarcástico, acercándose a la pareja de amigas - ¿Tienen algo que contar?
- Mamá – mirando a Sonia, comenzó a hablar mientras lloraba amargamente Sofía – ¡Discúlpame por favor!

Sofía tomó el rostro de Teresa y la besó apasionadamente entre lágrimas. Luego se abrazaron y se acariciaron durante un par de minutos.
Sus padres miraban desconcertados la escena.

- Te ruego por favor que hagas que esto no sea en vano – pedía Tere – Y siempre recuerda. Te amo.
- ¡Te amo! – gritó Sofi desesperada, el Desollador tomó de la mano a Teresa y la pasó a los guardias que esperaban en la puerta.
- En 10 horas más el segundo. Disfruten sus vacaciones, aprovechen de soñar con los angelitos, ¡hasta luego! – se despidió El desollador, llevándose a Tere entre lágrimas.

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