Ana Luisa estaba en completo colapso. Lloraba y lloraba, aunque Sofía y Matías la consolaban, la mujer no se detenía.
- ¡Mi Felipito, no pueden hacerle esto, no pueden! – balbuceaba la desesperada mujer, abrazada a Matías.
- Nana, hay que ser fuertes ¿Ya? – dijo Sofía.
- ¡Cómo me pides ser fuerte si van a matar a mi hijo, mi razón de vivir! – gritó Ana Luisa, descontrolada.
- Nana – dijo Bastián, acercándose y abrazando a la que era casi su madre – Por favor. Se lo pido con todo lo que la quiero, por favor nanita, no nos deje ahora. Usted es la que nos da fuerzas … ¡Es horrible lo que le pasó a su hijo, eso es cierto!, pero necesitamos de usted. En una de esas salimos de acá y Felipito aun está con vida.
- No me pidas tanto hijo, no puedo – dijo entre lágrimas Ana Luisa.
- Anita, por favor, calma – exclamó Mario, acercándose al lugar.
- ¡No me pida calma usted caballero! ¡Por su culpa ahora van a matar a mi hijo! – reclamó la nana - ¡No venga ahora con sus estupideces señor! Debería preocuparse de saldar sus deudas y arreglar toda esta masacre.
- ¡No me levante la voz, yo soy su jefe! – ordenó Mario.
- Papá, eres lo peor que existe… lejos lo peor – se lamentaba Bastián – Ahora entiendo por qué estamos acá. Víctimas de tu imbecilidad, y tú pagando por todo lo mal que has hecho en la vida. ¿No te avergüenza haberle gritado así a mi nana? ¿Aun no te das cuenta que estamos al borde de ser “faenados” por un grupo de psicópatas?
El hombre no respondió.
- ¡Eres bien descarado papá! – se quejó Sofía – Llevamos horas en este calvario y tu aun no eres capaz de asumir las culpas. ¡Y para variar el lindo viene a imponer órdenes como si aun fuera el jefe de algo! Antes de querer ordenar otra gente, mira tu patética vida. No te metas con mi nana ¿Escuchaste?
- No tengo nada que asumir – dijo Mario, levantando el rostro con orgullo.
- ¿Te enumero lo que tienes que asumir? ¿O te escribo una lista? – recriminó Matías.
- Uno: Llevas años engañando a la mamá con un montón de putas baratas que te revueltas por ahí – comenzó a listar Bastián – Dos: ¿Recuerdas la vez que me pegaste con una correa y me la dejaste marcada? ¡Cómo gritaba esa vez, tú seguías y seguías! Y no fue una, fueron varias veces. Tres: No sólo me pegabas a mí o a mis hermanos… ¡Le pegabas a mamá! ¿No te da vergüenza ser un maricón?
- ¿De qué estás hablando Bastián? – preguntó incrédula Sofía.
- Lo que oyes hermanita. Mi habitación quedaba al lado de la matrimonial, había noches donde no podía dormir de la impotencia de ver y escuchar como este animal golpeaba a mamá – siguió sacando en cara Bastián.
- ¡Mentiroso, eres un mentiroso! – se defendía Mario – No tengo nada, me escucharon … ¡Nada de que arrepentirme!
- Señor Mario. ¡Es la persona más cobarde que he conocido en mi vida! – replicó Ana Luisa, levantándose del suelo y pegándole una cachetada al humillado hombre - ¡En su conciencia le pesará algún día, eso lo sé! Sólo pido que alguna vez Dios sea capaz de perdonarlo, porque al menos yo no puedo. Ahora… no mire hacia el suelo, míreme a los ojos. ¡Usted me quitó a mi hijo!
- ¡Empleaducha estúpida, fueron ellos! – dijo Mario enojado, retirándose del lugar y subiendo al segundo piso - ¡Ellos tienen la culpa, no yo!
- Su padre es un orgulloso – dijo Leticia.
- ¿Escuché algo? – ironizó Bastián.
- Será orgulloso, pero se que su conciencia debe pesarle, y mucho – dijo Sofía, abrazando a su nana.
- Hermanita… ¿Tu gato? – preguntó Bastián.
- Está arriba parece, ¿Por qué? –
- Es hora de empezar a preparar el plan – dijo el joven.
Leticia y Francisco se miraron y disimuladamente dejaron el living y se fueron para la cocina.
- Bastián no quiere nada conmigo, pero contigo sí – dijo Leti.
- El pacto. Cualquier plan que hagamos, te tendré considerada. – dijo Franco.
- Pero no le digas nada al inepto por favor, mantenme informada –
Un grito de Bastián llamando a Francisco interrumpió la conversación.
- ¡Ven para acá hombre por favor!– llamó Bastián desde el living.
- Que pasó que pasó… - respondió Francisco, caminando hacia donde se encontraba el hijo menor de los Torrealba.
- Es hora de preparar el plan –
- ¿Y tienes alguna idea? –
- El gato. Por algo pregunté por el gato. Mira… acompáñame que quiero comprobar algo que vi en el segundo piso, allí te comento – dijo Bastián, tomando por el hombro a Francisco y caminando hacia la escalera.
Living - 17:30 horas.
Mario estaba sentado en el sillón sin hablar. Al otro lado del living, Sofía y Matías abrazaban a una triste Ana Luisa.
- ¿Papá, no vas a hablar? – preguntó Sofía.
No hubo respuesta.
- ¡Mi hijo, lo necesito! – balbuceaba Ana Luisa.
- Nana por favor, cálmese – pedía Matías.
- Felipito… niño, si estoy calmada mi Felipito – dijo Ana Luisa, abrazando a Matías, con los ojos completamente desorbitados – Nunca te van a separar de mi Felipito, eres mi niño, mi niñito…
Sofía miró a Mario, haciendo señas de que hablara algo. Matías se encontraba inmóvil mientras Ana Luisa lo abrazaba.
- Mami… ¿vamos a dormir, ya? – dijo Mati, simulando ser Felipe.
- Mi niñito… -
- Tía Ana, recuéstese un ratito en el sillón – dijo Sofía, empujando a Mario del sillón.
- Felipito, te quiero –
- Mamita, yo igual te quiero – dijo Matías, mirando con cara de ¿Qué hago? a Sofía.
- Felipito no me vas a dejar nunca.. ¿ya? – preguntó la trastornada mujer, tomando la cara del que creía su hijo.
- Acomódese acá mami, y yo la voy a abrazar hasta que se duerma… ¿ya? –
- ¿Dónde están las pastillas para dormir de la mamá? – susurró Sofía al oído de Matías.
- En la maleta de allá – respondió Mati, indicando una maleta verde que estaba al lado del sillón.
Dormitorio principal, segundo piso – 17:35
Bastián estaba en una de las ventanas que se encontraban tapadas por madera. Comenzó a forzar los palos para ver si lograba abrirla.
- ¿Qué haces? – preguntó Francisco.
- Esto.. mira – dijo, mientras tomaba uno de los maderos que logró sacar y lo dejó en el suelo.
Francisco miró por el espacio que había en la ventana y vio un balcón vació, y hacia delante, la salida del lugar.
- ¿Te gusta? – preguntó Bastián.
- ¿Cuál es el plan? –
- Simplemente, hacer ruido abajo, alguien lanza al gato, y al distraer a los guardias, huir por acá – dijo.
- Hey, espera un poco – se extrañó Franco - ¿Y cómo estás tan seguro que se van a distraer?
- Hay tres guardias fuera, ellos no cuentan con que nosotros rompamos las ventanas – respondió tranquilo el muchacho, apoyándose en la pared, mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo - ¿Fumas?
No, gracias – respondió Francisco, pensativo - ¿Y si nos atrapan?
- ¿Vas a intentarlo, o seguirás cuestionando la única forma de salida que tenemos? – dijo Bastián, encendiendo el cigarro.
Francisco no respondió. Volvió a mirar por la ventana, el balcón no era muy grande, simplemente era bajar y….
- ¿Y que más después de bajar? – preguntó el amigo de Matías.
- Pues… - Bastián hizo una pausa para botar el humo del cigarrillo – simplemente correr a la camioneta de papá.
- ¿Y quién te asegura que está funcionando? –
- ¡Mira tú!…. ¿Me vas a ayudar o no? – se molestó Bastián – Es nuestra única opción… la tomas…
- O la dejas, eso ya lo sé – respondió Franco - ¡Simplemente me extraña tanta seguridad!
- ¡¿Lo tomas o lo dejas?! – se molestó Bastián.
- Lo tomo – respondió Francisco, mirando profundamente al tranquilo Bastián.
- ¿Qué miras?, ¿Acaso te gusto? –
Francisco no respondió, y se largó de la habitación.
Living - 17:50 horas.
Ana Luisa yacía dormida en el sillón. Sofía dejaba las pastillas de dormir sobre la biblioteca y Matías tomaba alguna de sus cosas de una de las maletas para subirlas.
- Papá, mírame a los ojos por favor – dijo Sofía - ¿No te da pena todo esto?
- ¡Obvio que me da pena hija! – respondió él – pero no es mi culpa, por favor sólo entiende eso, no es mi culpa.
- La nana se trastornó por lo de Felipe – dijo Sofía, mientras la cubría con un abrigo negro largo de su madre – Papá, necesitamos estar unidos, y para eso que tú aceptes tu parte de la culpa haría muy bien… piénsalo.
Mario no respondió.
Segundo piso, escalera principal - 17:55 horas.
Matías subía algunas de sus cosas en una mochila. Allí se topó con Francisco, el cual lucía molesto y comentaba algunas cosas con Leticia.
- ¿De qué hablan? – preguntó Mati.
- De que ya estamos cansados y aburridos – dijo Leticia.
- Tu hermano tiene un plan, es lo único que nos va quedando – dijo Francisco.
- Por lo visto sí – respondió Matías, dejando la mochila en el suelo.
- Tú sabes…. – dijo Leticia, sin alcanzar a terminar, fue interrumpida por un extraño ruido del tercer piso.
- ¿Escucharon eso? – dijo Francisco.
- Sí lo escuché, y el plan del Bastián no es lo único que nos queda – dijo Matías, subiendo por la escalera al tercer piso, sacando de su bolsillo un cuchillo que había tomado de la cocina.
- ¡Qué vas a hacer! – gritó Leticia, preocupada.
Matías subió las escaleras y comenzó a golpear la puerta con fuerza. La pateó y empujó hasta que ésta se abrió de golpe, junto con eso, el joven cayó bruscamente dentro de la habitación.
- ¡Teresa!– gritó el muchacho desde el tercer piso.
La puerta se volvió a cerrar, quedando Mati atrapado dentro. Leticia y Francisco se miraron impactados.






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