- Así que tu tenías que ver con todo esto maldita perra – dijo Mario, poniéndose delante de todo el grupo.
- Sí – respondió tranquila Tatiana.
- ¿Y respondes así de tranquila? ¿No te da … asco? – preguntó Mario.
- No – volvió a responder tranquila Tatiana – Negocios son negocios.
- ¿De qué negocios habla? – preguntó Matías, extrañado, como si no conociera a aquella mujer.
- Negocios. El negocio de tu padre estuvo a punto de quebrar, y gracias a mi ayuda pudo salir adelante – respondió la mujer – Pero él no pagó a la fecha.
- ¿Y estas son tus formas de cobrar? – protestó Mario.
- Mis formas no, las de mi empresa sí – respondió Tatiana, esbozando una sonrisa en su tranquilo rostro – Veo que aun no cambias tu forma de ser Marito. Tan desafiante como siempre… Aun recuerdo cuando me llamabas a mi oficina para pegarnos uno de esos revolcones que tanto te gustaban, casi obligándome a ir.
Sonia quedó helada. Miró a Mario confundida, mientras este escondía la cara para que nadie lo vea.
- ¡Buena papá hasta que se supo! – exclamó Bastián - ¡Si todo el mundo sabía que tus trabajitos de los días martes eran meterte con esta ramera!.
- ¡Cállate mierda! – gritó Mario.
- ¡No hagas callar a mi hijo maldito maricón! – gritó Sonia, completamente fuera de sí – Así que estos eran tus malditos trabajos del día martes… Mientras yo como una estúpida te preparaba la cena para que el pobrecito pudiera descansar ¡Tú te estabas revolcando con una puta!.
- Así es – dijo Tatiana – Aunque lo de puta no me gusta mucho, pero que más da, pronto viene mi revancha, así que sigue hablando así que luego me toca a mí.
Mario estaba completamente callado y avergonzado. Se hizo hacia atrás y se apoyó en una pared pensativo, mientras Matías y Sofía intentaban calmar a una alterada Sonia.
- Marito Marito – dijo Tatiana riendo – Veo que aun tienes completamente destrozada tu vida. ¡Y ahora por lo visto es aun más!... ¿Sabes qué? . Me encanta verte sufrir… me fascina verte sufrir así.
- ¡Ya cállate maldita puta! – gritó un exaltado Mario, saliendo de la pared y acercándose a Tatiana - ¡No voy a aceptar que vengas a jugar con mi familia así me escuchaste!.
- Maldita puta y todo lo que quieras, pero vaya que la pasábamos bien juntos Marito – respondió Tatiana, tomando la pistola y apuntando a Mario – Pero mantenga la distancia caballero que nuestro negocio ya terminó.
- ¿Y qué clase de empresa tienes Tatiana? – preguntó Matías, escondiéndose tras Sofía.
- No se esconda mijito, si no le voy a hacer daño… aun – respondió Tatiana – El que venga conmigo ahora va a saber que clase de empresa tengo … ¡lástima que no sobrevivirá para contarlo!.
- ¡Con qué clases de personas hiciste trato, imbécil! – gritó Sonia, entre lágrimas y completamente alterada - ¡Claro!, ¡con la puta de tu amante tenía que ser!.
- Con personas – interrumpió Tatiana – que cumplimos lo que prometemos. Me aburrí de conversar, ha llegado la hora, ¿Quién va a ser el siguiente en salir a dar una vueltecita sin regreso?.
Todos se miraron entre sí. Leticia se escondía en el rincón para que no la vieran, completamente nerviosa. Mario miraba hacia cualquier parte, mientras Sonia lloraba desconsolada con Matías y Sofía que los consolaban. Bastián lucía sereno, y Francisco con Ana Luisa y Felipe se miraban entre sí con los ojos llenos de pavor.
Tatiana se acercó a Mario, apuntando siempre con su pistola. Con la mano que estaba desocupada tomó el rostro de Mario, acercó sus labios y lo besó.
- Que buenos recuerdos – dijo Tatiana, sonriendo – Marito. Es tu turno … ¿Quién va a ser el siguiente en ser faenado?
Mario no respondió.
- ¡Responde maldito! – gritó Tatiana, pegándole una cachetada a Mario.
- ¡Mantengo mi voto, Leticia! – gritó Mario.
- ¡Claro maldito maricón! ¿Sabes qué? – interrumpió Sonia, aun fuera de sí - ¡Él que debería ir ahora eres tú!. No tienes agallas para enfrentarlos, mueres de miedo. Aprovechas de tirar a una pobre niña que ni siquiera conoces, que puede ser insoportable y todo lo que quieras… ¡Pero si estamos aquí es única y exclusivamente por tú culpa!.
Mario no respondió, agachó la cabeza y miró hacia otro lado.
- ¡Da la cara alguna vez en tu vida! – gritó Sonia - ¡Da la cara maricón!.
- ¡Yo no me voy a ofrecer! – gritó Mario - ¡No es mi culpa que estos sádicos nos tengan acá!.
- ¡Es tu culpa papá, hasta cuando evades todo! – dijo Sofía, molesta.
- Yo no estoy acá para solucionar problemas familiares. Bastián es tu turno – dijo Tatiana, apuntando la pistola al joven.
- Mario – dijo, sin titubear.
- Veo que han cambiado las preferencias – dijo Tatiana, entre risas.
Matías lloraba desolado junto a su madre. Sofía intentaba calmarlos, pero era imposible. Mario seguía sin afrontar nada, sólo miraba hacia cualquier otro lado que no estuviera su esposa Sonia. Tatiana se detuvo un momento y se acercó a uno de los guardias que la acompañaban. Murmuró un par de palabras y luego dio la vuelta sonriendo.
- ¡Se me acaba de ocurrir una idea mejor! – exclamó irónicamente Tatiana – Señor Mario, tenemos que comunicarle que va a tener que cargar en su podrida conciencia la muerte de su señora esposa, doña Sonia. ¡Que pena más grande!.
-¡De qué estás hablando maldita ramera! – gritó Matías, poniéndose delante de su madre.
- Es su turno – respondió la mujer, tranquilamente, mientras apuntaba a la cabeza de Matías.
- ¡No toques a mi hijo! – dijo entre lágrimas Sonia - ¡Si lo tocas te juro que te mato!.
- Lo toco – dijo sarcásticamente Tatiana, tocando el rostro de Matías – Guardias. Tomen a Sonia y larguémonos de acá.
- ¡No se lleven a mi madre, no lo hagan! – gritaba fuera de sí Sofía - ¡Papá haz algo! ¡Mi madre no!.
- Y luego tus hermanos, amigos y padres – dijo Tatiana, en tono relajado.
- ¡Papá, no eres capaz de hacer nada! – reclamó Bastián, acercándose a su padre que miraba el suelo sin responder.
- ¡Hijos, huyan de acá como sea, pero por favor no quiero que mueran! – fueron las últimas palabras de Sonia, mientras los dos guardias la tomaban y la sacaban de la casa. - ¡Los amo!.
Todo quedó en silencio. Mario seguía mirando el suelo completamente inmóvil, mientras que Matías y Sofía lloraban desconsolados abrazados. Bastián miraba desde el otro lado del living con odio a su padre, y Francisco con Ana Luisa y Felipe miraban anonadados lo que había sucedido recién. Fueron más de quince minutos que nadie siquiera murmuró algo.
- ¡Lo siento por quebrar el silencio pero hagamos caso a mamá y movámonos! – dijo Bastián, tomando el video que decía “Teresa” fuera.
- ¡Bastián!, al menos déjanos descansar un rato, no ves que … ¡mamá va a morir! – dijo molesta Sofía, mientras se soltaba de su hermano.
- No es momento de lamentaciones. Si quieres un culpable, está mirando como imbécil el suelo en este instante – dijo Bastián, poniendo el video en la casetera.
Cinta:
Nuevamente aparecía el desollador en el mismo lugar de antes. Esta vez estaba al lado de un mesón lleno de instrumentos : cuchillos, sierras, tijeras, hasta un alicate, todos cubiertos de sangre.
- ¡Bienvenidos niños al show del Tío Desollador!. Estamos aquí para conocer a la nueva participante del show del grito. Demos un fuerte aplauso a ¡Teresita! – dijo el hombre, haciendo señas para que mostraran hacia su derecha algo.
Apareció Teresa en una camilla. Afirmada de brazos y pies con unas placas metálicas cerradas por unos grandes candados. Lucía completamente aterrada, pero no se movía, simplemente miraba.
- ¡No va a hablar nuestra participante!. ¡Salude a la cámara! – dijo, en tono infantil, el desollador.
- ¡Sofía te amo, recuerda siempre eso! ¡Esto no tenía que salir así, créeme! – gritó Teresa, mientras una lágrima escapaba de sus ojos.
- Que conmovedor – dijo, en tono irónico el Desollador – Ahora vamos a lo nuestro. Usted señorita Teresa tiene la posibilidad de elegir el primer instrumento. No tengo modelo para que los presente, así que yo mismo los iré presentando. Tenemos un serrucho, un aplauso para el señor serrucho.
El desollador mostró el serrucho y lo pasó por el rostro de Teresa. Ella ni se movió.
- Veo que nuestra niña ni se entusiasma. Creo que tendremos que empezar con el serrucho no más, lo siento tanto – dijo el desollador, molesto.
El hombre tomó el serrucho y comenzó a cortar sin piedad un brazo de Teresa. Ésta intentaba aguantar el dolor, pero era imposible. Comenzó a gritar desesperaba mientras el hombre seguía aserruchando.
-¡No quiero seguir viendo! – dijo Sofía, mientras apretaba stop a la cinta, llorando desconsolada - ¡No voy a ver como destrozan a la Tere!.
- ¡Ya cállate y mira para otro lado si no te interesa ver, hay que analizar las pistas que dan! – dijo molesto Bastián, poniendo Play de nuevo.
El desollador cortaba y cortaba el brazo mientras Teresa gritaba.
- ¡Veo que eres de huesos duros! – dijo el hombre, mientras aserruchaba con fuerza, con sus manos cubiertas de sangre.
-¡Cállate imbécil! – gritó Teresa.
El hombre cortó el brazo, sacó el candado y lo tomó. Lo acercó a la cámara y lo mostró entero, lo dio vuelta en mil posiciones distintas, de frente, de lado, mientras goteaba la sangre. Teresa gritaba en el fondo.
- ¡Esto y más les pasará a todos ustedes! – dijo el Desollador – Hasta la próxima.
Sofía estaba abrazada a su hermano Matías, mientras lloraba angustiada. Bastián sacó la cinta y la empezó a revisar para ver si tenía algún nuevo indicio.
- ¡No dio ninguna pista el video! – dijo Francisco.
- Fue simplemente para asustarnos – dijo Ana Luisa, destapando los oídos de Felipe.
- ¡Algo debe tener esto! – dijo Bastián.
- ¡Tiene a mi novia muriendo! – gritó Sofía, enfurecida - ¡Y tú la pusiste para que todos la viéramos!.
- Ya calma niños – dijo Mario, aun mirando hacia el suelo.
- ¿Habló alguien? – preguntó irónicamente Bastián – Sofía, hermanita. Hay que buscar en todas partes la forma de salir de acá.
- ¿Y si escapamos? – preguntó Francisco – Hay un pueblo a algunos kilómetros de acá, se llamaba…
- Abaste – interrumpió Ana Luisa - Pero parecía un pueblito abandonado. Habían unas pocas casas.
- Pero mami – dijo Felipe – Había un perrito. Cuando desperté lo vi afuera de una casa..
- Es nuestra única opción. Tiene que haber alguna forma sigilosa de salir de acá – murmuraba Francisco, pensativo..
- ¡El furgón está aun afuera! – exclamó Bastián, mientras miraba por una de las ventanas – Tenemos algunas horas para programar un buen escape. Yo me ofrezco para ir. Soy ágil y puedo conducir rápido.
- ¿Por qué tu hermano? – preguntó Sofía – Hagamos un sorteo de quien sale.
- ¡Necesitamos alguien que pueda escapar rápido! ¡Está claro que ellos verán salir a alguien, va a ser arriesgado, pero hay que tomar el riesgo!. – dijo molesto Bastián - ¿Acaso te ofreces tú? ¡Pero si estás completamente nerviosa, tiritando, angustiada!. Te atraparían en un abrir y cerrar de ojos.
- ¿Y por qué no Matías? ¿O Francisco? – reclamó Sofía.
- Porque acá la única persona que aun está dentro de sus estribos soy yo – insistió el joven, en tono cortante.
- Yo apoyo a mi niño – dijo Ana Luisa.
- ¡Hagan lo que quieran! – exclamó Sofía, cerrando la conversación.
- Yo te ayudaré a planear todo – apoyó Francisco.
Segundo piso - 11:00
Leticia, por su parte, había subido a ver las habitaciones. Eran cerca de las once de la mañana, y ella aun no daba vuelta por esos lugares. Entró a cada una de las piezas, miraba con atención cada rincón, cada detalle que pudiera ayudar a encontrar algo. Luego de recorrer el segundo piso, empezó a subir al tercero lentamente. Vio el letrero que decía “no pasar”, y bajo él, un sobre blanco manchado con sangre colgaba.
- ¡Encontré algo! – gritó Leticia.
La muchacha tomó el sobre y lo tocó. Había una nueva cinta de video, y otra cosa extraña dentro, redonda y dura. Bastián subió corriendo a ver lo que sucedía.
- ¡Doña Sonia! – exclamó ella.
- ¡Pásame esto para acá! – dijo Bastián, tomando el sobre y leyéndolo.
“Aquí tienen una importante pista. ¿Soportarán ver sufrir a su propia madre, a su esposa, a su tía?.Usen la mente y no el corazón. El juego aun no termina.
Cariños.
Tatiana.”
Bastián abrió el sobre y lo vació sobre una pequeña mesa que había en el segundo piso.
Salió una cinta de video, y junto a ella rodó… un ojo.






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