domingo, 31 de enero de 2010

1x05: Abaste, servicios al consumidor


Leticia pegó un grito y cubrió sus ojos con sus manos. Bastián tomó el video sin siquiera inmutarse. Lo miró, tocó, agitó y bajó con él, Leticia fue tras él.
- Era un video – dijo Bastián, acercándose a la videograbadora y poniendo la cinta dentro.
- ¡Pero Bastián, en esa cinta debe estar nuestra madre! – exclamó angustiada, Sofía.
- Si quieres desquitarte con alguien… ya sabes quien – dijo Bastián, pulsando el play a la máquina. – En este momento está mirando hacia el suelo, ¡aun no asume!

Cinta:
Tatiana apareció junto a Sonia, la cual estaba amarrada a una silla, llorando. Era el mismo lugar donde apareció Adela y Teresa.
- Bienvenidos niños, el tío desollador en este momento está ocupado – comenzó a hablar Tatiana – Ustedes ya conocen este lugar, no hace falta más introducción, pero lamentablemente no saben de que trata. Si usan la cabeza probablemente entiendan. Ahora vamos a lo nuestro… ¡Hola Sonia!.
La mujer no respondió. Lloraba desconsolada mirando hacia el suelo.
- ¡Habla maldita perra! – dijo Tatiana, sacando un cuchillo y poniéndolo en el cuello de la mujer.
- ¡Hijos, los amo! – gritó angustiada Sonia - ¡Por favor, hagan lo que sea, pero no quiero que muera más gente, y recuérdenme siempre!
- Vaya vaya, empezamos con los espectáculos lacrimógenos – dijo Tatiana, sacando guardando la cuchilla – Por favor Sonia, levántese de la silla y pase para acá.
Tatiana soltó los pies de la prisionera y la llevó hacia la camilla. Sacó nuevamente el cuchillo y la obligó a ponerse en la camilla. Puso un candado a cada lado dejando sus brazos inmovilizados, y luego amarró los pies fuertemente.
- Me dicen manos rápidas… ¡Sí, era yo! – dijo Tatiana, mientras tomaba un fierro largo de la mesa de instrumentos – Ahora procederemos a adormecer a su madre y esposa. Un par de golpecitos la dejarán lista para ser faenada.

“Manos rápidas” comenzó a golpear fuertemente a Sonia con el fierro en la cabeza. La mujer gritaba, pero ella seguía y seguía pegando con todas sus fuerzas, hasta romper parte de la cabeza. Cubierta de sangre, Sonia aun balbuceaba algunos gemidos de dolor, mientras que Tatiana guardaba el fierro y tomaba un bisturí.

- Ahora comenzaremos a faenar. Honestamente, esta chica me cae bastante bien, me da un poco pena tener que hacer esto, sobre todo pensando que quien debiese de estar acá es mi socio Mario, pero que más da, probablemente esto le duela mucho más que todas las torturas del mundo –

Tatiana quitó toda la ropa a Sonia. Tomó el bisturí y comenzó a cortar el estómago mientras la sangre corría por todo el cuerpo de la prisionera, la cual yacía inconsciente en el mesón. Una vez abierta, metió su mano cubierta con un guante quirúrgico, y comenzó a cortar algo dentro. Luego de un par de minutos, tomó el hígado y lo guardó en una nevera.

El video se cortó ahí. Sofía estaba abrazada a Matías, ambos llorando. Leticia se fue a la cocina para no ver, junto a Ana Luisa y Felipe. Mario miraba desde el fondo, apoyado en la pared, completamente perturbado. Sólo Francisco y Bastián observaron con atención el video.

- ¿Viste esa nevera? – preguntó Franco.
- Sí lo vi. Esto puede significar sólo una cosa – dijo Bastián.
- ¡Son unos sádicos, eso es lo que son! – gritaba fuera de sí Sofía.

Leticia volvió al living con un libro en sus manos, tiritando.

- Abaste, servicios al consumidor – leyó nerviosa la joven – ¿En qué momento apareció esto?
- De seguro lo lanzaron por alguna ventana – dijo Ana Luisa - O quizás en la noche.
- Es un listado de precios - exclamó Leticia - De precios de.... ¡órganos!
- Tráfico de órganos – dijo Francisco, completamente convencido de haber descubierto al fin la verdad - ¿Dónde encontraste eso?
- En uno de los muebles… antes no estaba allí – respondió Leticia – Cuando llegamos revisé ese lugar y no había nada.
- Quieren que sepamos la verdad, para eso lo hacen – dijo Francisco.
- ¿Papá, hiciste un trato con unos traficantes de órganos? – replicó, entre lágrimas, Sofía - ¿¡Cómo ni siquiera pensaste en investigar con que clase de personas tratabas!?
- ¡Qué iba a saber yo que eran unos traficantes! – se defendió Mario - ¡Necesitaba el dinero!.
- Y vendiste nuestras vidas a la ramera con la que te revolcabas todas las noches– dijo Matías.
- Niños por favor, hay que ver que hacer, ya no discutan más – intentaba calmar los ánimos Ana Luisa – Háganlo por su madre.
- Mamá comentó que recibió una llamada equivocada, ¿Eran ellos? – preguntó una furiosa Sofía - ¡Di la verdad alguna puta vez en tu vida papá!.
- ¡Ellos me advirtieron y no hice caso! – respondió, tirando el celular al suelo - ¡Lean los mensajes que llegaron!.
- ¡Y nunca comentaste esto! – replicó Sofi.
- ¡Qué iba a saber que eran ellos! –
- ¡Papá, eres un imbécil! – gritó Matías – Toda la vida soportando tu maldito carácter, tus gritos, tu autoritarismo. ¡Date cuenta alguna vez que te has equivocado! ¿Qué falta ahora? ¿Eres parte de ellos también?
- ¡Cómo se te ocurre hijo! –
- De ti no me extrañaría nada, absolutamente nada – interrumpió Bastián – Toda mi vida he sabido la clase de basura que eres… ¿Papá? , para mi nunca fuiste un padre.
- ¡Pero que les pasa hijos! – exclamó Mario, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas y la voz se comenzaba a quebrar – Siempre he querido lo mejor para ustedes, si pedí ese dinero fue por ustedes, no por mi.
- ¿Y lo mejor para nosotros era lo que tú decidías? – preguntó Bastián - ¿Según tu, mi futuro era ser médico?
- Quería lo mejor para ti –
- ¡Eso nunca fue lo mejor, idiota! – gritó enfurecido el hijo menor de los Torrealba - ¡Detesto la biología! ¡Yo quiero ser músico!
- Interrumpiste en nuestras vidas hasta más no poder, y ahora estás pagando como te mereces – interrumpió Matías – ¡Cuantas veces tuve que molestarte para poder estudiar Historia!
- ¡Derecho es lo mismo que la historia! – se defendió Mario, llorando.
- Abusas de tu poder, siempre amenazando con dejarnos sin dinero, tu sabes bien que mi carrera no me la pagaste tú, fue mamá – dijo Sofía – ¡Querías un médico y tienes un vago! ¡Querías un abogado y tienes a un historiador! ¡Y querías a una Ingeniera y tienes a una matemática! Lamentablemente fracasaste… ¿Pero sabes qué? Somos felices haciendo lo que nos gusta, aunque nunca llegues a entenderlo, el dinero no soluciona los problemas.
- Nos hiciste pedazos nuestras infancias, pero ahora que estamos grandes fuimos capaces de hacer lo que queremos – exclamó Matías.
- Y si estamos ahora acá, es única y exclusivamente tu culpa papá, en tu afán de destruir nuestras vidas – dijo Bastián – Te juro que lograremos ganarte, ya lo hicimos una vez, estoy seguro que podremos de nuevo.

Mario se dejó caer de la pared que estaba apoyado y se sentó en el suelo con la cabeza gacha, llorando. Siempre fue un hombre duro, pero lo que sucedía era demasiado para él.
El ambiente estaba tenso, Matías y Sofía en ningún momento pararon de abrazarse, mientras que la ira consumía cada vez más a Bastián. Leticia y Francisco leían con atención el libro que encontraron en la cocina, y Ana Luisa junto a su hijo se dedicaron a preparar algo para comer.

- No me cabe duda que trafican órganos – dijo Francisco – Esto es una especie de catálogo.
- Abaste, salvando tu vida – leyó Leticia del libro - ¡Esto es una burla, el slogan es una estupidez!
- ¿Pero para qué toda esta jugarreta con nosotros? – preguntó Francisco - ¿Para qué torturar?
- Se querrán vengar de la deuda – dijo Leticia – Hacernos sufrir, y quien sabe si hasta divertirse un rato.
- ¡Malditos enfermos! – exclamó Franco - ¿Pero para qué quieren que sepamos que son traficantes de órganos?
- Me imagino que para tensar aun más la relación entre Mario y sus hijos – dijo Leti.
- Estos enfermos quieren desesperarnos – dijo Franco.
- Acá hay algo personal entre Tatiana y el tío – dijo Leticia – Ten por seguro que él será el último.
- ¿Y nosotros? –
- Yo creo – murmuró Leticia disimuladamente – que no somos importantes para ellos. Estamos a salvo al menos por el momento, de eso estoy segura. Van a perturbar a Mario, y nosotros no contamos como gente muy querida por él, antes tiran a alguno de sus hijos, o a su nana.
- Yo no me sentiría tan seguro – dijo Francisco.
- No me siento segura, pero creo que aun hay tiempo para escapar – dijo Leticia, cerrando el libro – Es hora de empezar a pensar en mi y no en el resto.
- ¿Y si hacen otra elección? – preguntó Franco.
- ¿Votamos por Bastián? – preguntó Leticia, con una sonrisa que escapaba de su boca.
- ¿Acaso quieres hacer un pacto? –
- Salgamos juntos de acá Francisco. Si hay dos personas que no tienen nada que ver con esto, esos somos tú y yo – dijo Leticia – Unamos fuerzas.
Francisco quedó mirando pensativo a la joven. Se dio un par de vueltas, observó durante un par de minutos a su amigo Matías, luego regresó.
- Acepto – dijo él. Leticia sonrió.

La conversación fue interrumpida por un grito de Sofía, la cual bajaba corriendo la escalera.

- ¡Vienen bajando, vienen bajando! –

Tras Sofía, Tatiana y un par de guardias con escopetas caminaban por la escalera tranquilamente. Se agruparon en el living, como lo hacían siempre.

- Veo que ya encontraron las pistas – dijo Tatiana, mirando el libro que Leticia sostenía en sus manos.
- Así que se dedicaban al tráfico de órganos, en eso consistía su famosa empresa – dijo Francisco, en tono desafiante – Que labor más… como podemos decirlo, ¿noble?
- Yo no lo llamaría tráfico mi lindo, es un servicio social – respondió una tranquila Tatiana – Cambiamos vidas de gente útil para este mundo por la de personas que no lo son.
- ¿Y nosotros no somos útiles? – preguntó Francisco.
- Probablemente son nuestra primera camada que sí tenían una vida. Generalmente usamos gente que nadie recordará, pero esta vez hicimos una excepción – dijo la mujer, mirando a Mario – Ustedes saben a quien agradecer por esto.
- Te dije Franco que era para alterar más las cosas – murmuró Leticia al oído del muchacho.
- ¿De qué hablan? – preguntó Tatiana.
- Nada – dijo Leticia.
- ¿¡Tatiana por qué haces todo esto!? – preguntó Mario, alterado.
- Negocios son negocios – respondió la mujer – Y yo vengo acá para cerrar nuestro pacto. Guardias, tomen a quien necesitamos ahora.

Los dos hombres se acercaron, golpearon a Ana Luisa con la escopeta en la nuca y tomaron a Felipe, el cual no entendía lo que pasaba.

- ¡Mami mami! – dijo el pequeño, mientras una lágrima escapaba de sus ojos.
- Este es un pedido de urgencia – se lamentó Tatiana – Lo siento mucho por su madre, pero … ¡Marito tiene la culpa!.
- ¡Maldita perra suelta al niño! – gritó Sofía - ¡Él no tiene la culpa!.
- Mijito, vamos a tener cuidado con usted, ¿ya? – dijo en tono maternal la mujer, abrazando a Felipe el cual lloraba.

Ana Luisa yacía inconsciente en el suelo, mientras que Matías intentaba hacerla despertar. Mario miraba con odio a Tatiana, y la exaltada Sofía era apuntada por uno de los guardias. El pequeño lloraba confundido.

- Los dejo. Cuando despierte la nana díganle que su hijo va a ser faenado. Un par de riñones, un hígado… ¡Y el pedido es un corazón! –
- ¡No puedes hacer esto, es un niño! – gritaba Matías, el cual sostenía la cabeza de Ana Luisa.
- ¡Mami despierta! – dijo Felipe, llorando - ¡Mamita!.

Ana Luisa despertó bruscamente.

- ¡No toquen a mi hijo! – gritó desesperada - ¡Felipito, no! ¡Llévenme a mí, pero él no!
- Mami tengo miedo – dijo Felipe.
- ¡No mi hijo no! – forcejeaba Ana Luisa completamente desesperada, mientras Matías y Sofía la sostenían - ¡No se lo lleven!
- No es el primero, y no será el último, hasta la próxima – dijo Tatiana, abandonando el lugar con los guardias y el pequeño.

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