domingo, 31 de enero de 2010

1x08: No confíes

Leticia estaba completamente enmudecida, y Francisco se devolvía sigilosamente.

- Sabía que andabas en algo extraño maldito maricón – dijo la sorprendida muchacha.
- No se muevan – ordenó Bastián, apuntando. El guardia se movió y se puso junto a él.
- Hay que huir – susurró Francisco a Leticia.
- No te funcionó conmigo Bastiancito – recriminó ella, en actitud desafiante - ¿Creías que iba a ser tan fácil de llegar y ordenar todo a tu manera? ¿Creías que íbamos a quedarnos de brazos cruzados mientras tu disponías que hacer y que no?
- Pero todo ha andado a la perfección – se sobó las manos Bastián – Y aunque te hayas dado cuenta… ya no puedes hacer nada.

Francisco se puso tras Leticia.

- Podemos conversar – dijo ella.
- ¿Conversar, y sobre que, señorita audaz? –
- La verdad, no tengo la menor idea porqué estás haciendo esto – comenzó a hablar Leti – Y no me interesa. Pero vaya que estás enfermo. Ahora entiendo todas y cada una de tus actitudes… entiendo porqué me dijiste que sólo estabas conmigo por calentura, entiendo porqué siempre estuviste contra tu padre.
- Ya… ¿y? – preguntó Bastián.

Leticia se abalanzó violentamente sobre el hombre de la escopeta, desviando la mira del arma y enterrando una tijera en la pierna de éste.

- ¡Francisco corre! – gritó Leticia con fuerza - ¡Me entrego a ti Bastián!
- ¡Estúpida! – gritó él, intentando disparar a Francisco, el cual corría entre los arbustos. Luego gritó al guardia, el cual se quitaba a Leticia y la apuntaba en la cabeza - ¡No la mates! De esta me encargo yo.

Cojeando el guardia siguió a Francisco entre los árboles. Junto a él, otro guardia que llegó alertado por los gritos le acompañó.

- Sigue buscándolo– mandó el joven – ¡Corre!
- ¡Francisco escóndete, pero por nada del mundo salgas de ahí! – gritó Leticia.
- ¡Maldita estúpida!– exclamaba enojado Bastián, pateándola en el suelo.

Francisco se abría espacio entre los árboles, aprovechaba cada tronco para protegerse de los disparos que hacían los hombres armados. Éstos intentaban correr tras el muchacho, pero era imposible alcanzarlo con las pesadas escopetas que llevaban al hombro.
Franco siguió y siguió corriendo hasta llegar a un pequeño barranco por el cual se lanzó rodando, entre piedras, tierra y ramas secas hasta caer en las raíces de un inmenso árbol que cubría una buena parte de la tierra con su sombra. Francisco escaló con fuerza y agilidad, abriéndose paso con la cuchilla de las ramas que interfirieran, llegó a lo más alto y se ocultó entre las frondosas hojas de éste. Observó con atención a su alrededor sin hacer el más mínimo sonido, los guardias se habían separado tras su búsqueda. Uno a la izquierda, y el otro en dirección hacia donde estaba el árbol en el que se ocultaba el joven.
El primer guardia se alejó bastante, y el segundo seguía su rumbo hacia Francisco. Llegó al acantilado, y estuvo a no más de tres metros de distancia de él; las ramas de árbol llegaban lo suficientemente cerca de ese lugar. Franco observaba entre las hojas el movimiento del hombre, pasaron un par de minutos en que éste revisó con una linterna el lugar, y luego siguió otro rumbo.
Francisco estaba a salvo.

Por su parte, Bastián golpeaba fuertemente a Leticia. Tomó una piedra del suelo y la lanzó con fuerza contra la joven, la cual estaba arrodillada en el suelo, cubierta de tierra, con el rostro morado y la cara cubierta de sangre. A pesar de los fuertes golpes que recibía, ésta ni siquiera se quejaba.

- ¡Llora maldita perra, llora! – gritaba enfurecido Bastián - ¡Puta de mierda, me cagaste mi plan! ¿Estás feliz ahora?
- Sí – respondió seca ella.

Bastián tomó una piedra del tamaño de su puño y la lanzó contra la demacrada Leticia, ésta alcanzó a dar la vuelta y golpeó en su espalda. No pudo aguantar el dolor y un quejido se dejó salir entre sus apretados dientes.

- ¡Estás feliz! – gritaba - ¿Estás feliz?
- Sí maldito – respondió ella, con coraje - ¡Pude descolocar tu plan enfermo! ¡Pude hacerlo!
- ¡Puta! – pateó Bastián a Leticia - ¡Maldito el día en que se me ocurrió estar contigo!
- Si voy a morir, al menos va ser con la dulzura de saber que logré hacerte colapsar – dijo entre risas ella.
- ¿Sabes por qué no te mato? – exclamó Bastián, tomando la pistola en sus manos y mostrándola a Leticia – ¡Porque quiero que sufras! ¡Te voy a torturar durante horas, no te quedarán lágrimas para llorar ni fuerzas para poder gritar! ¡Eso te lo juro!
- Hazme sufrir todo lo que quieras, pero el rostro de humillación que tienes ahora no te lo va a quitar nadie… -

Bastián volvió a golpear a Leticia, posteriormente la amarró y la subió al vehículo.
La hizo partir y la movió unos cuantos metros, los suficientes como para que el furgón no se viera desde las ventanas de la casa.

Living – 20:20 horas.

Dentro de lugar, el Desollador tenía amenazada al resto de la familia a punta de pistola. Sofía, Mario y Ana Luisa estaban arrodillados en el suelo, sin la posibilidad de moverse.

- Por favor que mi hermano y Francisco estén bien – decía entre lágrimas Sofía.
- ¿Qué pasó con los niños? – preguntó Ana Luisa.
- Nada que te importe vieja estúpida – respondió el Desollador, dando una patada a la mujer en la espalda – Y no se te ocurra venir a hacer preguntas de ese tipo de nuevo.
- ¡Déjala tranquila! – gritó Mario, el cual tenía una rostro de preocupación y tristeza inmenso.

En ese momento entró uno de los guardias y susurró algo al oído del Desollador.

- ¡30 segundos para que aparezca, o si no matamos a uno de los suyos! – ordenó enfurecido el Desollador, el guardia salió corriendo de la casa. - ¡No podemos perder más tiempo!
- ¡¿De qué hablan?! – preguntó preocupada Sofía.
- ¡Tu amiguito Francisco escapó! – respondió el exaltado hombre.

Sofía sonrió, la esperanza aun no se perdía.

Patio de la casa – 20:40 horas.

Leticia estaba amarrada dentro del furgón. Afuera, Bastián recibía las órdenes del desollador.

- ¡Traigan a Matías! – ordenó él - ¡Él es el único que podrá hacer recapacitar a la mierda de Francisco!
- Vaya usted, yo me quedaré vigilando acá – dijo el guardia.
- Todo tengo que hacerlo yo – protestó Bastián.
- Tome – dijo otro guardia, pasando un megáfono a Bastián – De aviso al prófugo.
- Habla tú - ordenó Bastián al guardia.
- ¡Francisco! – dijo éste a través del megáfono - ¡Iremos por Matías, una vez que lo tengamos acá te daremos sólo 30 segundos para aparecer! Si no lo haces, tu querido amiguito morirá.
- ¡Francisco, no te entregues! – gritaba Leticia desde el interior del vehículo.
- La callaré – dijo Bastián.

El joven entró al furgón y comenzó a golpear a la muchacha hasta dejarla completamente inconsciente.

- Espero que esto te haga aprender – dijo él, caminando hacia la casa.

Living – 20:55 horas.

Bastián entró a la casa y subió las escaleras. Toda su familia estaba dada vuelta, así que no le vieron pasar. El desollador se encontraba tras ellos vigilándoles de que no se movieran ni escaparan.

Un par de minutos después bajó con Matías. Bastián apuntaba en la cabeza del joven, el cual venía en pésimo estado, con las manos amarradas, los ojos vendados y un bozal para que no hablara.

Patio de la casa 21:10 horas.

Bastián puso de rodillas a Matías, y le destapó los ojos.

- Soy yo – dijo Bastián, sonriendo.

Matías no se podía mover, aun permanecía atado de manos, y ahora de pies. Intentaba hablar, pero el bozal se lo hacía imposible. Miraba asustado al que era su hermano, tenía los ojos rojos, y al cabo de unos minutos no pudo aguantar las ganas de llorar.

- No llores hermanito – continuó, agachándose para abrazar a Mati – Te prometo que si tu Franquito no aparece, tu muerte no te dolerá mucho.

Bastián se puso tras su hermano y lo apuntó directamente a la cabeza con una pistola, mientras que él no era capaz de moverse, estaba demasiado impactado al ver que su propia sangre le tenía amenazado de muerte. Uno de los guardias tomó el megáfono y comenzó a hablar.

- ¡Francisco! ¡Tienes 30 segundos para aparecer, si no lo haces, morirá uno de tus familiares! – dijo el hombre - ¡Treinta!

Francisco por su parte, seguía escondido en el árbol, mirando atentamente a su alrededor. Al escuchar la amenaza, se quedó pensativo mientras el conteo seguía corriendo.

- Veinticinco, veinticuatro…

Living – 21:15

Desde el interior del hogar se escuchaba el conteo. La familia, que permanecía amarrada, se dio cuenta de lo que sucedía.

- ¡No maten a mi hermano! – gritó Sofía, mientras el conteo iba en veinte.
- No te metas, niñita – respondió el Desollador – Esto solo depende de su amiguito Francisco.
- ¡No maten a Matías! – dijo entre lágrimas Sofía - ¡Te juro maldito Desollador que pagarás de alguna forma por esto!
- Como tu digas – respondió el hombre, golpeando a Sofi con un palo en la nuca.

Mario lloraba junto a Ana Luisa; el conteo iba en doce.

Patio de la casa – 21:16

- Nueve… ocho… siete… - decía el guardia.
- Lo siento hermanito – dijo Bastián, quitando el bozal de la boca del prisionero.
- ¡Por qué haces esto! – gritó Matías desesperado - ¿Qué te hice?
- Cuatro… - contaba el guardia a través del megáfono.
- Morirás con la duda – respondió.
- Uno… ¡Cero! – terminó de contar el guardia.
- Hasta nunca, favorito – dijo Bastián, apretando el gatillo directamente en la cabeza de Matías.

El cadáver quedó tirado en el piso, el rastro de una bala que atravesaba completamente la cabeza de Matías se dejaba ver en su frente, y un rostro de horror que no pudo ocultar ni en la hora de su muerte quedó mirando directamente hacia la casa.

Francisco, aferrado a la rama del árbol, lo único que pudo hacer fue llorar.

Bastián se acercó al cadáver de su hermano y tomó su brazo para ver si tenía pulso.

- Está muerto, tómenlo y llévenlo dentro de la casa, para que los prisioneros puedan verlo – ordenó él.
- ¿Para qué, ese no era el plan? – respondió uno de los guardias.
- Tu sabes que cuento con toda la confianza de Tatiana, así que muévete – volvió a ordenar él, esta vez molesto.
- Está bien – respondió.
- Y tú – dijo, mirando al otro guardia – Trae a la perra de Leticia dentro también, quiero hablar con todos, muertos o vivos.

Los guardias obedecieron las órdenes. El primero llevó a duras penas el cuerpo tieso de Matías, arrastrando la cabeza por la tierra y mirando con asco el rastro de sangre que iba dejando. El segundo tomó en brazos a la inconsciente Leticia, la amarró de brazos y la cargó dentro.


Patio de la casa – 21:30 horas.

Al ver que venían los guardias entrando, El desollador se puso tras la familia y ordenó que dieran la vuelta. Mario lloraba desconsolado junto al resto de los prisioneros, Sofía, que aún estaba algo confusa con el golpe que le habían dado, miró con pavor cuando traían a Leticia amarrada.

- ¡Leticia! – exclamó confundida ella - ¡Quién te hizo esto!

La muchacha inconsciente no respondió

- ¡Y mi hijo, donde está mi hijo! – gritó Mario desesperado – ¡Es mentira que lo mataron, lo se!
- Y ahora… el cadáver demacrado de tu hijo – presentó el Desollador.

El guardia entró con el cuerpo inerte de Matías y lo puso delante de su padre, el cual miró con los ojos completamente rojos el rostro de sufrimiento de su hijo favorito.

- ¡Matías! ¡No! – exclamó, tomando el cuerpo y abrazándolo entre lágrimas – Mi hijo, no puede ser.
- ¡Enfermos de mierda! – gritó Sofía - ¡Enfermos como hacen esto!
- Con una pistola – respondió una voz que venía desde el exterior, una conocida voz para todos.

Sofía quedó helada, Ana Luisa por su parte al oír la voz se largó a llorar completamente desconsolada.

- ¡No puede ser! – gritó la nana de la familia - ¡No puedes ser tú!
- Hola Nani – saludó Bastián, entrando a la casa con una pistola en la mano – Veo que ya vieron como murió el imbécil de mi hermano.

Mario soltó el cuerpo de su hijo y miró completamente desconcertado la escena, su propio hijo daba muerte a su familia. Sofía y Ana Luisa se abrazaron, sin lograr aun procesar lo que ocurría.
- ¡Hey!, si yo soy la oveja negra de la familia ¿Por qué les parece tan extraño? – preguntó él, completamente calmado.

Mario miró con asco lo que ocurría al frente, su hijo, su propia sangre era el autor de todo esto.

- ¡Eres una mierda de persona! – gritó él - ¡Tu no eres hijo mío! ¡Un hijo no hace esto a su familia! ¡Enfermo de mierda!
- Uy, veo que sacó la voz el papá del siglo – ironizó él – Llevamos horas encerrados en esta casa y jamás se pronunció, y ahora lo hace, veo que hemos evolucionado… Te felicito.
- No seas irónico Bastián – reclamó Sofía – La verdad que no entiendo y no me cabe en la cabeza que seas tú el que hace esto.
- Te va a tener que entrar pues, Sofi – contestó él – Soy yo, y soy inmensamente feliz al ver esas caras de sufrimiento, esos rostros que reflejan un dolor inmenso, al fin llegó mi dulce venganza montón de mierdas.

Ana Luisa se cubrió los ojos y comenzó a llorar, Bastián siempre fue su favorito, al que más quiso y al que más defendió durante años.

- ¡Tu mataste a mi hijo! – gritó desgarradoramente Ana Luisa - Mi niñito mató a mi Felipito.
- Tiene razón la nana, al menos hubieras tenido compasión con ella – recriminó Sofía, quien comenzaba a tener fuerzas y a luchar nuevamente – Tu no eres Bastián, tu no eres mi hermano, aquel con el que compartí los entretenidos juegos de niño, aquel que protegí con mi vida cuando casi te atropellan, aquel con el que dormía abrazada cuando el peque tenía miedo, aquel que…
- ¡Cállate! – gritó él, golpeando con su brazo un florero de vidrio que estaba encima de una pequeña mesa de madera, el cual se quebró en muchos pequeños pedazos que quedaron esparcidos por todo el living – No me vengas con tus chantajes baratos por favor ¿Acaso crees que me vas a conmover con eso? ¿Ah?
- No, simplemente digo que no tu no eres Bastián, eres un enfermo – concluyó Sofía, quien miraba con rechazo a su hermano.

Bastián dio órdenes a los guardias en secreto, ellos acataron. Se acercaron al cuerpo inerte de Matías, lo tomaron y lo sacaron para el patio. En ese momento Leticia despertó, la cual yacía inconsciente en un rincón de la casa. Miró con atención y se dio cuenta que tenía atadas las manos, maldijo eso, y continuó recostada, fingiendo inconsciencia.

- Enfermo de mierda – recriminó Mario – Eres un maldito enfermo de mierda, ¡Cómo no me di cuenta antes que la mayor porquería de hijo que he tenido, era un enfermo!

Bastián no respondió.

- ¡Habla porquería! – gritó el desesperado padre - ¡Ahora eres tu el que no habla!
- Si hablo – respondió serio Bastián – En este momento acabas de dar razón, eres una mierda de padre, y por lo visto tuve a quien salir.
- ¡Pero Basti! – agregó Sofía, aprovechando que su hermano lucía algo afectado - ¡Yo te quiero, te quiero mucho! Tu sabes que siempre he estado contigo para todo, y te entiendo perfectamente.
- Ni tu ni nadie va a poder entender lo que han sido estos malditos dieciocho años de vida – contestó él, firme – Pero que más da, estamos acá, y estoy al fin disfrutando de las cosas buenas.
- ¿Qué cosas buenas mi niño? ¡Yo jamás te enseñé esto! – dijo Ana Luisa, angustiada.
- La venganza – contestó él.
- ¿Y cómo llegaste a tener contacto con la perra de Tatiana? – preguntó Mario - ¡¿Cómo?!
- Siguiéndote a ti – contestó él – Viendo los pasos de mi querido padre mientras humillaba una y otra vez a mi madre y se revolcaba noche tras noche con Tatiana.
- ¡Contesta mierda! – gritó Mario - ¡Eso no me dice nada!
- Contactos que van y contactos que vienen… Todo a su debido tiempo – respondió él.
- ¿Y Francisco? - preguntó Sofía.
- Escapó, pero no por mucho, ten por seguro que no va a llegar muy lejos - contestó Bastián.

En el rincón, Leticia intentaba moverse lentamente, sin llamar la atención del resto, su objetivo: un tenedor que estaba tirado al lado de una de las sillas del lugar. Intentó sacarse las amarras con todas sus fuerzas, pero era imposible, así que con los pies había logrado mover unos cuantos centímetros el elemento, pero no lo suficiente para alcanzarlo.

- Sabes que – dijo Sofía – No te temo.
- ¿No me qué? – preguntó extrañado Bastián, apuntando a Sofía en la cabeza.
- No te temo – reiteró ella.
- Pues vas a tener que hacerlo – dijo él.
- No te temo – volvió a reiterar ella.
- No te pongas así Sofía, tengo experiencia en esto – dijo él – Y ya te he dañado mucho.
- No te temo – siguió ella firme.
- ¿Acaso quieres que te recuerde a tu Teresita? ¿O como le abrieron el estómago a mamá? – respondió Bastián.
- Tu no hiciste nada de eso – contestó ella – Te conozco.
- Tu no me conoces, eso te lo puedo asegurar.
- Él le dio el tiro a tu hermano – dijo Leticia, desde el rincón, reincorporándose, mientras guardaba en su pantalón el tenedor, haciendo fuerza con sus dos manos atadas.
- ¡Veo que despertó mi querida noviecita! – ironizó Bastián.
- Nada de noviecita, te aseguro que esto no se va a quedar así – respondió Leti.
- ¿Acaso me vas a pegar con tu cartera? Estoy temblando –
- ¡Tú fuiste el que disparó! – interrumpió Sofía.
- ¡Ya te dijeron que sí! – contestó Bastián – Me da igual matarte a ti, matar a la ramera de la esquina, matar a la mierda de padre que tengo, y matar a mi Nana.

Ésta última se sorprendió al oír esto.

- Ustedes son los únicos culpables de esto – continuó el resentido joven – Ustedes van a pagar con su sangre cada una de las penurias, cada una de las humillaciones, cada uno de los malos tratos que me hicieron… ¡Van a sufrir lo que yo en dieciocho años, en tan solo unos minutos!
- ¡No eres capaz de esto Bastián, entiéndelo por favor! – exclamó Sofía – No vamos a solucionar nada con esto.
- ¿Me quieres temer? – preguntó Bastián, tomando su pistola.
- ¿Qué vas a hacer mierda? – dijo Mario.
- Esto – respondió.

Bastián tomó la pistola y la apuntó directamente a la cabeza de Ana Luisa, apretó el gatillo y la bala cruzó completamente la cabeza de la confundida mujer. Sofía, que estaba al lado de su nana, miró aterrorizada la escena, mientras que Mario se sostenía la cabeza con las manos.

- Ahora nos largamos de acá – concluyó Bastián, guardando la pistola - Ella no era necesaria. Tomen a todos y llévenlos al furgón, es hora de partir a la Carnicería, la real carnicería.

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